La violencia de género en pandemia como testimonio de inequidad en el goce del derecho a la integridad personal femenina

Ángel Carmelo Prince Torres1

1. Instituto Universitario Pedagógico Monseñor Rafael Arias Blanco, Venezuela. E-mail: (A.C.P.T.)



Resumen

Esta investigación fue realizada con la intención de constituir un aporte académico para evidenciar la inequidad en la protección de los derechos de la mujer en el contexto de la pandemia por COVID-19. Con este trabajo se pretendió analizar el aumento de la violencia de género en pandemia como testimonio de la desigualdad en el goce femenino del derecho a la integridad personal. Para ello, se estructuró un proceso investigativo cualitativo con diseño documental, e interpretación de textos a través de la hermenéutica, y con ello se determinó que existe un incremento en las agresiones físicas y psicológicas hacia las mujeres como consecuencia de factores de estrés, entre otros, en quienes conviven en aislamiento. Los hallazgos realizados fueron importantes para determinar que reforzar la cultura del empoderamiento es crucial para que las féminas asuman sus prerrogativas y deberes, de manera que sepan afrontar futuros escenarios de emergencia que pudieran experimentar.

Received: 2020 November 30; Accepted: 2020 December 4

Revista Científica Arbitrada de la Fundación MenteClara. 2020 Dec 5; 5: 205
doi: 10.32351/rca.v5.205

Copyright

© 2020 RCAFMC - Este artículo de acceso abierto es distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC BY 4.0).

Keywords: Violencia, feminismo, pandemia, inequidad, derechos.
Keywords: Violence, feminism, pandemic, inequity, rights.

Introducción

El principio de igualdad en el mundo del derecho obedece a tratar a los demás como iguales entre iguales, es decir, brindar oportunidades y exigir en la misma medida en que se tengan similitudes en diversos aspectos como capacidades o potencialidades. No obstante, en el campo de los derechos fundamentales esa máxima se orienta a que el respeto a su núcleo está adherido a la cualidad que poseen niñas, niños, adolescentes, mujeres u hombres de ser humanos y por eso independientemente de la condición que se tenga, ha de imperar la valoración de esas prerrogativas naturales como preponderantes ante cualquier situación, pues constituyen principios de carácter declarativo y no constitutivo, lo cual significa que ningún ente los concede, sino que se reconocen por ser esenciales para el desarrollo de los sujetos y su espíritu es preexistente.

A pesar de lo expuesto supra, cada día se evidencian injusticias cometidas contra los grupos que se consideran vulnerables. Por vulnerabilidad se entiende, de acuerdo con Ruiz (2012) al sometimiento a “…algún tipo de amenaza, sean eventos de origen físico como sequías, terremotos, inundaciones o enfermedades, o amenazas antropogénicas como contaminación, accidentes, hambrunas o pérdida del empleo”. Aparte, hay otros elementos que se conectan con la situación de fragilidad: los educativos, culturales, sociológicos o económicos. Entre estos individuos se encuentran aquellos caracterizados por la inestabilidad en cuanto a su seguridad, pues pueden verse expuesto a ataques desmedidos y atentatorios contra sus garantías. De hecho, se asume como un conglomerado de este tipo al de las mujeres, por considerarse que con respecto a ellas se pueden gestar procesos que las colocan en situación de vulnerabilidad de género, pues según Flores (2014):

Referirnos a la vulnerabilidad de género implica tomar en consideración no sólo los ejes multicausales…sino que en este caso también resulta fundamental comprender las especificidades recurrentes en la construcción del género femenino, que casi de manera natural ha sido colocado en desventaja en relación con el género masculino, incluso hasta nuestros días, cuando aparentemente, la equiparación de oportunidades sociales comienza a tener ciertos atisbos de igualdad”.

Entonces, visto lo anterior puede indicarse que la condición de fragilidad de las mujeres, se desprende de la falta de equiparación que todavía existe con respecto a sus pares masculinos sobre distintos territorios en campos como el laboral o político, por nombrar algunos. Por ejemplo De Andrés (2017), refieres que en Arabia Saudí existen manifestaciones de discriminación contra las féminas, como el hecho de que “el hombre tiene un derecho amplio de recriminar a su mujer, incluso con castigos físicos”, lo cual las coloca en desventaja.

Ahora bien, en el contexto de extensión de la enfermedad por COVID-19, se establecieron medidas para tratar de contenerla porque se visualizó la magnitud de la crisis, incluso por organismos internacionales. La propagación de la infección por coronavirus en los distintos continentes provocó que la Organización Mundial de la Salud (OMS), determinara que el fenómeno es una pandemia y por ello, la Organización Panamericana de la Salud (2020) reseña que:

La epidemia de COVID-19 fue declarada por la OMS una emergencia de salud pública de preocupación internacional el 30 de enero de 2020. La caracterización ahora de pandemia significa que la epidemia se ha extendido por varios países, continentes o todo el mundo, y que afecta a un gran número de personas.

En vista de lo anterior, gran cantidad de Estados optó por implementar un confinamiento con carácter preventivo. Sin embargo, la reclusión ha generado consecuencias en donde se implementó y por ello, Lozano-Vargas (2020) señala que esto ha representado a una forma de entrar en aislamiento, mantener contacto con infectados que son negativos ante la incidencia, alejarse de la familia y generar cansancio psicológico y físico, por lo cual las personas han experimentado deterioro de su salud mental por factores como el estrés, la depresión, falta de sueño, negación, rabia y miedo debido a la incertidumbre de la situación presente y las posibilidades futuras.

Uno de los acontecimientos que se ha podido observar durante el aislamiento, ha sido el aumento de los casos de violencia dirigida hacia las mujeres, lo cual podría achacarse a las causas establecidas en el párrafo que antecede, aunque también obedece a otras razones que aquí se verán más adelante. Como confirmación de lo expresado Bravo et al. (2003) han reseñado que “debido a la pandemia, el maltrato a las mujeres, en especial la violencia doméstica, se ha intensificado en los últimos meses”. Este hecho, representa entonces una violación a los derechos humanos de las féminas afectadas, especialmente en cuanto al derecho a la integridad personal y todas aquellas prerrogativas que se encuentran interconectadas con él.

En vista de lo expuesto, este artículo se elaboró para abordar las siguientes interrogantes: ¿qué inequidades se visibilizaron con la pandemia? Y ¿qué instrumentos didácticos pueden colaborar en la construcción de un modelo de pensamiento superador del sujeto previo a la pandemia COVID-19? Por ello, se estableció como objetivo general analizar el aumento de la violencia de género en pandemia, como testimonio de la inequidad en el goce del derecho a la integridad personal de las mujeres.

Además, para esta investigación se concretaron los siguientes objetivos específicos: 1) exponer las implicaciones de la violencia de género; 2) definir el contenido del derecho a la integridad personal; 3) describir el contexto de la violencia hacia las mujeres incrementada como consecuencia de la pandemia y 4) indicar la utilidad de la práctica educativa para promover el empoderamiento femenino.

Métodos y Materiales

Este escrito se construyó con base en una investigación perteneciente al enfoque de investigación de tipo cualitativo, el cual tal como comunica Sánchez (2019) “se sustenta en evidencias que se orientan más hacia la descripción profunda del fenómeno con la finalidad de comprenderlo y explicarlo”, y el acontecimiento aquí indagado fue el incremento de la violencia de género en medio del confinamiento por COVID-19. El diseño del escrito es de carácter documental porque “…el investigador analiza los distintos fenómenos de la realidad obtenidos y registrados por otros investigadores en fuentes documentales” (Brito, 2015).

El contenido de los documentos chequeados se descifró aplicando el método hermenéutico-interpretativo, cuya sustancia según Vilanou (citado por Mora-Escalante, 2016) “es el arte de comprender y de hacer comprensibles las cosas, partiendo de un principio propio de la docta ignorancia clásica: el reconocer, de antemano, la posible superioridad del interlocutor. Por tanto, comprender es dialogar con el otro” y así se trató de aclarar el contenido del material recopilado, de manera que resulte comprensible nítidamente para quien lea este trabajo.

Como técnicas operacionales para manipulación de documentos, se ejecutaron la lectura en profundidad, el resumen y el subrayado. Aparte, para complementar el estudio de datos se hizo uso del análisis crítico. Las fuentes secundarias utilizadas fueron escogidas de acuerdo a los siguientes criterios: a) debieron consistir en libros de editoriales reconocidas o artículos científicos depositados en bases de datos e índices como SciELO, Dialnet y similares; b) en caso de tratarse de pesquisas periodísticas, debían provenir de medios validados habitualmente como ideales para consulta, de ser posible con insignia de verificación en redes sociales como Twitter, Facebook o Instagram; c) los datos provenientes de sitios web se utilizaron si se alojaban en aquellos pertenecientes a organismos públicos o privados de prestigio y también a organizaciones de carácter internacional; y d) al menos el 30% de las fuentes utilizadas debían constar de material con fecha mínima de cinco años de antigüedad previa respecto al año en que se redactó este texto. Ya con esto en cuenta y por medio de un proceso de reflexión realizada por el investigador al filtrar la información, se hizo la categorización de ciertas variables para la esquematización del corpus en el manuscrito y el establecimiento de objetivos. Las categorías generadas fueron:

a)Violencia: Se refiere a las manifestaciones de conducta dirigidas a provocar daño a otro ser humano en grados desde leve hasta grave.

b)Derechos humanos: se refiere a las prerrogativas que corresponden a hombres, mujeres, adolescentes y niños por pertenecer a la especie humana y se determinan de acuerdo con el catálogo de ellos reconocido internacionalmente.

c)Discriminación de género: se refiere a las formas de segregación de humanos por razón de su género, realizando especial énfasis en el acaecimiento de este fenómeno con vinculación a la mujer.

d)Reconducción intelectual: Es el establecimiento de mecanismos para producir cambios de paradigmas y pensamientos de forma positiva.

Una vez identificadas las categorías para investigación cualitativa, se aclaró el panorama sobre los puntos que se deberían abordar. A continuación, se presenta entonces la relación de la revisión teórica pertinente para el trabajo ensamblado.

Sobre la violencia de género

Se entiende por violencia conforme a Ossorio (1998) al “aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia…puede ser ejercida por una persona sobre otras de modo material o moral; en el primer caso, la expresión equivale a fuerza, y en el segundo, a intimidación”. No obstante, puede ser que esta acción para vulnerar a otros exista sin que necesariamente se manifieste inicialmente una conducta de obstinación o ataque por parte del agraviado. Una de sus variantes, es la violencia de género.

La violencia de género es aquella que se ejerce sobre la individualidad o colectividad de personas por causa de su identidad u orientación sexual, género o sexo. Sobre ello, expresan Jaramillo-Bolívar y Canaval- Erazo (2020) que:

Se produce en un marco de desigualdad, no se refiere exclusivamente a las mujeres, también puede ser experimentada por hombres y personas de diferente identidad de género, refleja la asimetría existente en las relaciones de poder entre hombres y mujeres. Corresponde a una violencia estructural, que se sostiene en el marco de una cultura edificada sobre la lógica de la dominación y las relaciones de poder”.

Lo anterior quiere decir, que la violencia de género puede ocurrir sin necesidad de que se accione de forma directa contra una persona, pues cuando se hace un llamado al concepto de violencia estructural, como indican La Parra-Casado y Tortosa (2003), se refiere al daño que se produce por la no cobertura de necesidades humanas. De hecho, por ello Villavicencio y Zúñiga (2015) dan a conocer que 70% de la población del planeta en situación de pobreza está conformado por mujeres, siendo que su salario se encuentra entre 10% y 30% por debajo del de sus pares masculinos, tienen la propiedad del 1% de las tierras para cultivo a pesar que son el 80% de mano de obra para el campo y un 66% es víctima de alguna variante de violencia como la psíquica, sexual, económica o física. Igualmente señalan que la violencia contra las féminas tiene carácter transversal porque existe en todos los países, aunque propugnen la defensa de los derechos humanos.

En sincronía con lo apuntado, Bernardo, Castillo y Medina (2018), consideran que existen los siguientes tipos de violencia de género dirigida hacia la mujer: a) violencia física, b) violencia psicológica, c) violencia sexual, la cual no sólo se gesta cuando se producen tocamientos o penetración sexuales indebidos, sino también cuando existen situaciones de acoso al realizar actos con connotación sexual dirigidos hacia la mujer sin su consentimientos, incluso si son de naturaleza verbal, cuando dichas situaciones son sistemáticas, con insistencia y prolongación en el tiempo y d) violencia económica, la cual según los autores, no es muy abordada aunque produce mayor control sobre la mujer incluso en la actualidad, pues se comprometen sus ingresos financieros para mantenerla en situación de sometimiento de una u otra manera. Además, indican que las causas por las cuales ocurre este tipo de ataque son diversas y parten incluso de conductas aprendidas.

Marcano y Palacios (2017) llegan a manifestar que para el conocimiento de los tipos de violencia de género dirigidos hacia la mujer, se ha servido de consideraciones de entes públicos como el criterio del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Argentina, o el contenido normativo de la Ley 26.485 de Venezuela, pues con ellos se aclara que la violencia física comporta la generación de daño, dolor o riesgo de causarlo sobre la integridad física, por lo que generalmente deja marcas visibles. Con respecto a la violencia psicológica, se dice que afecta las emociones de la víctima, su autoestima y normal desarrollo de la personalidad, con el propósito de degradarla o manipularla, siendo complementaria con otras manifestaciones violentas. Para las autoras, las razones que impulsan estos hechos son:

a.Elementos individuales como historial de abuso familiar, nivel socioeconómico, circunstancias psicopatológicas, educación o condicionantes de la personalidad.

b.Elementos relacionales como las desavenencias entre parejas, familiares u otros conocidos.

c.Elementos comunitarios referidos al entorno social y al aislamiento -es importante destacar este factor porque precisamente el confinamiento ha provocado esta situación, lo cual se vincula con el impulso de la violencia de género en pandemia, como se verá más adelante-.

d.Elementos sociales que tienen que ver con la cultura y tradiciones.

Además, es importante dejar claro que la violencia de género genera consecuencias de toda clase. Entre ellas se encuentran: las físicas como lesiones o daño funcional como la cefalea; crónicas como colon irritable, dolor constante, quejas fisiológicas, problemas gastrointestinales; problemas sexuales y reproductivos como disminución del apetito sexual -a causa del forzamiento para mantener relaciones íntimas-, desarreglos menstruales, enfermedades de transmisión sexual, infecciones urinarias, embarazo no deseado, hemorragias vaginales o anales, partos prematuros, abortos, entre otros; incidencias psicológicas como trastornos del sueño, ansiedad, depresión, tendencias suicidas, estrés, insomnio, trastornos alimentarios, adicción a distintas sustancias; situaciones de aislamiento social o pérdida de empleo; alteración del entorno familiar y en última instancia, la muerte.

Como se ve, la violencia de género produce en las mujeres distintas secuelas psíquicas o físicas. Es por ello que se dice que compromete a un derecho humano como el de la integridad personal y por ello conviene desglosarlo.

El Derecho a la integridad personal

Los derechos humanos mantienen una dinámica de interacción unos con otros, pues una de sus características es que son indivisibles e interdependientes. Eso significa que el avance de un derecho puede condicionar el impulso del otro y del mismo modo cuando hay violación de uno se daña a otro. Esto hay que tenerlo claro porque al momento de ejecutarse actos de violencia de género contra la mujer, no sólo se vulnera a la integridad personal, sino que puede darse lugar al menoscabo de otros -como por ejemplo al comprometer el derecho al trabajo, cuando el acto ocasiona la pérdida del empleo de la víctima por no asistir injustificadamente al entorno laboral, cuando la fémina no desea que se conozca su situación-.

Por ello es importante conocer el contenido del derecho a la integridad personal, que de acuerdo con la Real Academia Española (2020), en la primera acepción, es el “derecho que protege la inviolabilidad de toda persona frente a los ataques a su cuerpo o espíritu, así como frente a cualesquiera intervenciones en esos bienes que carezcan de su contenido”. Esta prerrogativa se encuentra desarrollada inicialmente en instrumentos jurídicos internacionales y universales para el resguardo de los derechos fundamentales. Es por ello que conviene acotar que entre sus máximas, el artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU, 1948) considera que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona” y del mismo modo la disposición 5 indica que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Si bien es cierto que no se nombra expresamente a la integridad personal, en estas disposiciones se desentraña su contenido en el caso de violencia contra las féminas, pues vistas las consecuencias que ella puede causar de forma tangible e intangible, se vincula con la definición esbozada al inicio de este párrafo.

Igualmente en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de la ONU (1966), el derecho a la vida se consagra en su artículo 6, mientras que la prohibición de tratos crueles, inhumanos o degradantes se establece en su artículo 7. Sin embargo, en el artículo 10 se introduce una nueva noción cuando estipula que “toda persona privada de liberad será tratada humanamente y con la dignidad inherente al ser humano”. En esta última disposición se reconoce -en el contexto de una detención-la existencia del derecho a una vida digna; la cual para configurarse, necesita de garantías sobre la integridad física, psíquica y moral.

Es por ello que también en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU (1966) se desarrollan estas cuestiones al indicarse en el artículo 11 que los sujetos deben gozar de un nivel de vida adecuado, pero es más claro con respecto al tema de estas líneas, cuando en su artículo 12.1 estatuye que “los Estados partes en el presente pacto reconocen el derecho a toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”, por lo cual es ideal que cada gobernanza establezca medidas de protección para sus nacionales en aras de asegurar que tengan estos beneficios.

Además, en el artículo 2 de la Convención contra la tortura y otros tratos crueles o penas crueles, inhumanos o degradantes de la ONU (1984) se considera que el Estado debe asumir las medidas tendentes a evitar los actos atentatorios contra la integridad personal, tales como la tortura. Esto concuerda ya con una connotación más específica, con la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de la ONU (1979), cuando señala en su artículo 1 que “…la expresión "discriminación contra la mujer" denotará toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer…” , siendo que si se altera negativamente su esfera psicológica, moral y psíquica en función de actos violentos por género, la fémina se encontraría en este supuesto de segregación y por lo tanto, se socavaría la precitada disposición.

El contenido del derecho a la integridad personal aquí explicado no representa su negación en otros instrumentos jurídicos regionales o nacionales que lo protegen y que bien pueden ser aplicados en el caso de la exigibilidad de los derechos por jurisdicción. Sin embargo, en este trabajo solo se hace la mención de tal cuestión desde el punto de vista universal, de manera que se entienda que existe un espectro generalizado que propugna altos fines en la defensa de la cualidad humana.

El aumento de la violencia de género contra la mujer en el escenario de pandemia

Como ya se ha indicado, existen referencias de que la violencia de género contra las féminas se ha incrementado en razón de la pandemia surgida por SARS-CoV-2. Esto se ha podido vislumbrar a lo largo y ancho del mundo, y así, por vía ilustrativa, el Departamento de Comunicación Global de Naciones Unidas (2020), ha dado cuenta de episodios de maltrato hacia las mujeres en territorios tan diferentes como Bureij, en la Franja de Gaza o Kiev, Ucrania, dejando claro que los brotes de violencia de género se han impulsado con la llegada de la pandemia, e indicando que se ha gestado incluso por la convivencia de las víctimas con sus agresores. Para observar el fenómeno de forma orientativa en cifras, se destaca que menos del 40% de las mujeres agredidas en pandemia procede a denunciar e igualmente, de las que lo hacen, sólo 10% busca ayuda policial. Este es un indicador de que pudiera existir en realidad una proporción mucho más grande de agredidas, la cual se ve ocultada.

En cuanto a la diversidad de lugares donde se ha documentado el hecho, debe destacarse siguiendo las ideas del organismo nombrado supra, que en Chipre y Singapur se incrementó en un 30% el uso de las líneas telefónicas destinadas para buscar apoyo bajo estas circunstancias. El Nueva Gales, Australia, también se ha hecho notar que ha aumentado en 40% la solicitud de ayuda en caso de violencia contra la mujer, y lo mismo ha ocurrido en proporción a porcentajes adicionales de 30% en Francia y 35% en Argentina. Aparte, una organización que aborda el tema en Reino Unidos, Respect, indica que las llamadas a sus centros se elevaron un 97%, al tiempo que con el contacto por correo electrónico ocurrió lo mismo en 185% y la revisión de su website ha computado 581% más que lo habitual. Estos números encuentran su asidero en la afirmación siguiente:

Las medidas de confinamiento en casa llevan a la "tormenta perfecta" de puertas a dentro…ya que exacerba las tensiones acerca de la seguridad, la salud y el dinero. El pasado mes de abril, el Secretario General de la ONU, António Guterres hizo un llamamiento a la paz en los hogares de todo el mundo, e instó a todos los Gobiernos a incluir la prevención y la reparación de los casos de violencia contra las mujeres en sus planes nacionales de respuesta contra el COVID-19. Más de 140 gobiernos han apoyado su llamamiento (Departamento de Comunicación Global de Naciones Unidas, 2020).

Lo expuesto anteriormente también se une con el hecho de que, de acuerdo también con el ente citado, se ha impulsado el consumo de alcohol en pandemia, lo cual podría decantar en el descontrol de las personas para realizar acciones inadecuadas, cuando la bebida no es controlada debidamente. Del mismo modo, es importante establecer que para julio 2020, Klasing (citada por Human Rights Warch, 2020) sostuvo que los gobiernos deberían manifestarse ante los informes de violencia de género en medio del confinamiento porque:

Los señalamientos de que ha aumentado la violencia de género dan cuenta de que, para las mujeres que están al margen de la sociedad o no tienen visibilidad, existe un mayor riesgo de convertirse en blanco de violencia irreparable, si los gobiernos no actúan con rapidez”.

Así consecuentemente con estas ideas, se ha dado a conocer que en medio de la emergencia por coronavirus, factores como el estrés, el detrimento del nivel de vida, la ruptura en los sistemas de ayuda social y el hacinamiento pueden alimentar a los atisbos de violencia doméstica. También debido al confinamiento puede verse disminuida la capacidad de escape de las víctimas.

Estas son las razones por las cuales como Relatora Especial de la ONU, Šimonović (2020) realizando una declaración de urgencia para que los Estados combatan los ataques domésticos en medio del confinamiento, indica que los organismos públicos internos no deben dejar de lado el resguardo de las mujeres para que gocen de su derecho a una vida libre de violencia en tiempos de pandemia. Por ello hizo un llamado al establecimiento de mecanismos como las órdenes de restricción o la preparación de albergues en caso de incidencias de esta clase, pues dentro de tales casos se podrían encontrar subgrupos aún más vulnerables, como lo son las mujeres con necesidades especiales, las migrantes indocumentadas y aquellas sujetas a tráfico de personas.

Complementando toda esta información, Lorente-Acosta (2020) sostiene que la violencia estructural contra la mujer se ha hecho presente, por medio de las medidas que han implicado apartarla de sus elementos de apoyo como la familia o amistades. Además podría agregarse a ello el no aseguramiento, en algunos territorios, de servicios esenciales como el agua o la contracción de fuentes para el desarrollo económico. Además el autor relaciona el confinamiento con el bloqueo o la restricción de los medios ante los cuales puede interponerse denuncia o requerir apoyo, lo cual impacta de forma ascendente al acaecimiento de ataques personales o grupales. Resumiendo todo lo que aquí se ha expuesto, la OMS (2020) establece una relación de causalidad entre la pandemia y el auge de ataque hacia las mujeres señalando:

Las mujeres que se encuentran en relaciones abusivas y sus hijos tienen una mayor probabilidad de exposición a la violencia cuando se aplican medidas de permanencia en el hogar. Cuando la carga de cuidados que soportan las mujeres aumenta, los medios de subsistencia se ven afectados, el acceso a los productos de primera necesidad se reduce, las redes sociales y de protección se interrumpen y los servicios para los supervivientes se reducen, el estrés en el hogar aumenta.

Se hizo referencia a la acentuación anterior para dejar claro que el fenómeno aquí estudiado se ha configurado por medio de una reacción en cadena en la cual, una circunstancia lleva a otra y finalmente se decanta en los hechos narrados. No en vano, tal como señaló Deutsche Welle (2020), se estableció la siguiente proyección: “La Agencia de Salud Sexual y Reproductiva de las Naciones Unidas (UNFPA) calcula que si el confinamiento continúa, en los próximos seis meses se producirán otros 31 millones de casos de violencia doméstica en el mundo”, con lo cual se da a entender que mientras se mantenga la pandemia, la manifestación de este tipo de suceso se seguirá generando, por lo cual es necesario determinar las afectaciones que ha tenido hasta ahora y que progresivamente tendrá, de forma que se establezcan medidas correctivas a tiempo.

Resultados

Tomando en cuenta las categorías generadas para elaborar el cuadro de trabajo en esta investigación, se logró constituir la revisión documental cuya impresión en el artículo, representa por sí mismo el producto del proceso de indagación. Sin embargo, hay que aclarar que se pudieron evidenciar las siguientes anotaciones:

1.La revisión denota que la violencia de género en el contexto de la pandemia, ha aumentado tanto en los países en vías de desarrollo, como en aquellos desarrollados, por lo cual se observa que la cultura del irrespeto hacia los valores universales de los derechos humanos se puede generar independientemente del nivel de avance que tenga cualquier territorio.

2.De acuerdo con los datos aportados, se visualizó también que los procesos de confinamiento aumentan el nivel de ansiedad en las personas, lo cual afecta especialmente a los hogares con mayores dificultades económicas pues a sus problemas habituales se suma el de la convivencia prolongada, que al mismo tiempo puede incidir sobre sus finanzas en vista del consumo de mayor cantidad de servicios. Esta situación de estrés, de acuerdo con lo leído, puede desembocar en el ataque a los físicamente vulnerables: mujeres, niños y ancianos.

3.Se determinó que la violencia de género no opera solamente de forma directa, sino que también puede hacerlo de forma estructural.

4.Se observó que la restricción de movimiento en la calle puede implicar una limitación en las posibilidades que tienen las mujeres para solicitar ayuda en caso de violencia contra ellas.

5.El derecho a la integridad personal sí se encuentra comprometido en todas sus vertientes cuando se genera violencia de género en el marco del confinamiento.

6.Los tipos de violencia directa de género contra la mujer suscitados durante el confinamiento abarcan tanto la especie física como la psíquica, pues mientras se realizó la lectura en profundidad del material investigado en los casos antes referidos en la Franja de Gaza y Ucrania, la primera protagonista rendía testimonio de abusos verbales y físicos, mientras que la segunda manifestaba temor incluso de pedir ayuda, pues su maltratador podría espiar sus llamadas telefónicas.

7.Se estableció la existencia de una relación entre la violencia contra las mujeres y la convivencia con sus maltratadores, pues se documentó constantemente que esto es algo recurrente.

En función de todas las cuestiones resultantes de la pesquisa ejecutada, se determina que sí ha habido un aumento de la violencia de género por causa de las medidas de aislamiento contra la COVID-19. Por esta razón cabe discutir ahora las implicancias de estos hechos en el contexto de la inequidad, los correctivos que se pueden implementar y el cambio de pensamiento pre y post pandemia con respecto a tal tópico.

Discusión

Para el autor de este trabajo, es evidente que la inequidad en el disfrute del derecho humano universal a la integridad personal, se hace palpable por medio de la materialización de la violencia de género hacia las mujeres en el contexto de la pandemia. Inequidad es asimilable a la falta de igualdad, entonces no puede decirse que la mujer agredida goza plenamente de esta prerrogativa, cuando se constituye como la víctima, mientras que su victimario no sufre tales ataques. También es tangible que cuando se genera esta clase de violencia, se manifiesta el menoscabo del derecho porque como se adujo al momento de exponer las consecuencias, en estos casos se consolida tanto el detrimento físico, así como psicológico y moral de quien es sometida a este abuso.

Del mismo modo, cuando de forma injusta e inequitativa se vulnera el derecho a la integridad psicológica y física de las mujeres, se limita el ejercicio de otros derechos, lo cual también constituye un factor de desigualdad porque los atacantes por lo general no se encuentran en esta clase de situación negativa. Por ejemplo, si una estudiante golpeada como consecuencia de esa agresión no puede o no quiere ser vista en un contexto educativo -de forma presencial, por video, etc.- y por ello no cumple con sus deberes a este respecto, también se comprometería su derecho a la educación. Esto indudablemente constituiría otra forma de acrecentar brechas con respecto a quienes no sufren de este trance, bien sean seres humanos femeninos o masculinos.

Es por ello que un cambio de pensamiento entre las situaciones pre y post pandemia es imperativo, pero para quien escribe estas líneas, la mayor mutación debe ocurrir en el fuero interno de las mujeres a través de la apropiación de la noción de empoderamiento femenino. Sería útil que quienes pudieran ser o han sido víctimas de estos hechos entiendan que antes de la pandemia se evidenciaban dichos ataques, pero durante la pandemia se vieron exacerbados. Por esto, sería un cambio positivo de pensamiento y actitud en las mujeres, que se asuman poseedoras de deberes que pueden ejercer para contrarrestar las acciones negativas que incidan sobre ellas, de manera que abracen su verdadero valor y progresivamente no permitan que otros disminuyan su autoestima.

En todo este escenario, la acción pedagógica puede jugar un papel para reconducir las situaciones de violencia de género y del mismo modo, puede constituir un factor para la superación del pensamiento pre pandemia, porque como apunta Suescún (2012), se relaciona con una “…educación encaminada a la transformación individual y colectiva, se le ha reflexionado más como proceso en tanto que determina unos ideales específicos de sociedad, perpetúa o apunta a transformar el orden político y económico, social y cultural”. Para ello puede servirse de recursos didácticos que partan de actividades organizadas por organismos públicos, universidades u otros centros de enseñanza, las cuales pueden consistir en jornadas, clínicas de investigación, talleres, simposios, conversatorios, foros, cine clubs o similares, que sirvan en promover la noción del empoderamiento femenino para tratar de evitar eventos como los ocurridos durante el aislamiento por SARS-CoV-2. Para ello, los promotores pueden servirse de recursos didácticos como videos educativos, textos, mandalas, mapas conceptuales, mapas mentales, carteleras informativas, infografías, flujogramas y otros, en aras de esparcir la cultura del empoderamiento de las mujeres a través del conocimiento de sus derechos y sistemas de protección, aparte de la discusión sobre su propio valor como personas que no debe depender de lo que otros hagan o digan.

Todas estas cuestiones tienen importantes connotaciones sociológicas y democratizadoras, visto que con ellas se buscaría el cambio positivo de la sociedad para que incluya la noción del respeto y fraternidad intrafamiliar, así como externa al núcleo hogareño. Por esto también es importante que se realicen investigaciones futuras, las cuales podrían partir de artículos en publicaciones científicas donde se contrasten los ambientes pre y post pandemia con respecto a este tópico, de manera que con ellos puedan incluso elevarse propuestas a la gobernanza para reconducir las conductas inadecuadas y fortalecer los marcos jurídicos, así como los sistemas para la protección de las mujeres. Además, se podría realizar el análisis de otros derechos vinculados con los grupos vulnerables y que han sido menoscabados con la pandemia, especialmente desde una perspectiva feminista.

Conclusiones

Como consecuencia de los objetivos planteados en este estudio, se generaron las siguientes conclusiones:

1.La violencia de género opera contra cualquier grupo por razones de índole sexual o de género, como el mismo nombre indica. Cuando ocurre con respecto a las mujeres, puede manifestarse de diferentes formas pero siempre implica una manifestación de discriminación hacia sus prerrogativas.

2.La integridad personal abarca tanto al aspecto físico como el psíquico, por lo que su protección resguardada en instrumentos nacionales e internacionales, constituye una forma de valorar a la vida misma.

3.La pandemia ha exacerbado el acaecimiento de la violencia de género en diferentes contextos, pues el confinamiento que se ha tomado como medida generalizada para abordar la crisis constituye un elemento productor de estrés, ansiedad, entre otros efectos adversos, a pesar que el aislamiento persigue proteger la salud.

4.El acto pedagógico tradicionalmente conocido puede servir para empoderar a la mujer de manera que reconozca su propio valor para que afronte posibles escenarios de agresión, y para ello puede servirse de diferentes herramientas didácticas que ya son conocidas dentro del mundo del aprendizaje, para que de manera constructiva asuma sus derechos y deberes.

La mujer en sus distintos roles como madre, amiga, hermana, compañera, pareja y en definitiva como ser humano merece respeto, al igual que cualquier otro ente, independientemente de su género. Por ello justificar agresiones con fundamento en el estrés u otro motivo en situaciones de emergencia, resulta inexcusable. Si bien es cierto que la pandemia ha representado un hecho para visibilizar cuestiones que antes no se tenían previstas, también representa la oportunidad para cambiar paradigmas de forma positiva y es por ello que la sociedad, los gobiernos y otros entes deben trabajar de forma colaborativa para lograr este objetivo, especialmente resguardando a los más desvalidos.


Sobre el autor:

Ángel Carmelo Prince Torres es abogado, Técnico Superior Universitario en Educación Comercial y Profesor en Educación Comercial de la Universidad Fermín Toro y el Instituto Universitario Pedagógico “Monseñor Rafael Arias Blanco” (Venezuela) respectivamente. Magíster en Derecho Administrativo y Tributario y Máster en Derecho Internacional de la Universidad Complutense de Madrid (España). Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Fermín Toro. Ha fungido como docente en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado y Universidad Fermín Toro, así como Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Yacambú (Venezuela). Desde hace 17 años labora además como docente en la Unidad Educativa Colegio Diocesano "Santa Teresita" en Aroa, Venezuela. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0059-7797


Conflicto de intereses

Ninguno que declarar.

Referencias
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