La adaptación a la supervivencia: cuerpos y casas durante el aislamiento. Reflexiones sobre la vida cotidiana en los sectores medios del Área Metropolitana de Buenos Aires

Nemesia Hijós1; María Florencia Blanco Esmoris2

1. Universidad de Buenos Aires, Ciencias Antropológicas, IIGG-UBA/CONICET, Argentina. E-mail: (N.H.), 2. Universidad de Buenos Aires, Sociología, CIS-IDES/CONICET, Argentina. E-mail: (M.F.B.E.)



Resumen

El Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) declarado en Argentina desde marzo 2020 trastocó los modos en que vivíamos y organizábamos las prácticas y rutinas. La gestión de este contexto sanitario contingente implicó transformaciones en los modos de habitar tanto nuestras viviendas como nuestros cuerpos. En este artículo proponemos una reflexión conforme a atender las acciones llevadas adelante para crear “nuevas normalidades”, en particular las que incluyen la adaptación como táctica de supervivencia. Las cuales echan luz sobre dimensiones a ser observadas en un venidero escenario post pandemia. Para tal fin, ponemos de relieve experiencias de familias de sectores medios y de runners que residen en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

Received: 2020 August 26; Accepted: 2020 September 2

Revista Científica Arbitrada de la Fundación MenteClara. 2020 Sep 3; 5: 167
doi: 10.32351/rca.v5.167

Copyright

© 2020 RCAFMC - Este artículo de acceso abierto es distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC BY 4.0).

Keywords: Cuerpo, Casa, Vida cotidiana, Sectores medios, Pandemia.
Keywords: Body, House, Daily life, Middle classes, Pandemic.

Financiación:Este proyecto se enmarca en nuestras becas doctorales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET).

1. Introducción

Las crisis son reveladoras. Aunque esto pareciera no esconder novedad alguna sí lo es el modo en que las personas intentan gestionar la contingencia conforme a un conjunto de prácticas sociales que se manifiestan con el cuerpo y, en este caso, también en la casa. En Argentina, el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) a causa del COVID-19, entrado en vigencia el 20 de marzo del 2020, implicó la transformación de “las normalidades”, la modificación de las rutinas y el trastocamiento de la cotidianidad tal como la experimentábamos previamente.

La contingencia nos exige construir otras “normalidades” (Koselleck, 1988), elaborar nuevas costumbres, estabilizar lo cambiante. Muchas de estas respuestas que se difundieron y viralizaron por soportes digitales implicaron propuestas y recomendaciones sobre cambios corporales, materiales y también discursivos (Blanco Esmoris & Hijós, 2020). Aun tratándose de diversas dimensiones, parecían repetirse de manera continua: “adaptarse”, “ser flexible”, “reinventarse”, “ser positivx” y estar “siempre listx” y “dispuestx”, como máximas organizantes del confinamiento.

El objetivo del presente artículo consiste en analizar las estrategias de adaptación y transformación –a raíz del aislamiento obligatorio– de los cuerpos y de las casas para personas de sectores medios que residen en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Argentina. Para tal fin recurrimos a una estrategia dialógica de nuestras propias investigaciones etnográficas (Guber, 2001) (Milstein, 2016).

Con el fin de contribuir a una mirada más integral respecto de los fenómenos socioculturales, nos propusimos entablar un diálogo analítico entre los emergentes de nuestros trabajos etnográficos para dar cuenta de las diversas modulaciones vinculadas con el cuerpo y la casa que tuvieron lugar en el AMBA tras el anuncio del ASPO y el posterior distanciamiento físico. Como veremos, estas experiencias se inscriben en una suerte de filosofía orientada a la superación. Con relación a este punto, Julia Evangelina Velisone (2020), advierte que en la actualidad se despliegan un conjunto de disposiciones socioculturales y tecnológicas tendientes a un tipo de “autorealización individual” (p. 3) en donde la cohesión social se establece de acuerdo con estrategias de personalización de la experiencia; y se moviliza también el criterio emocional como una dimensión privilegiada a la hora de vincularse con el otro/a (Arfuch, 1992; 2016).

Consideramos, entonces, que la incertidumbre expandida a partir de este momento crítico a nivel mundial puso de relieve tanto una fragilidad de los cuerpos y las casas en tiempo de “normalidad en aislamiento” como tensiones vinculadas a la solidaridad y la sospecha en los lazos sociales. Es a partir de estas experiencias que arrojamos un conjunto de interrogantes a modo de vertebrar el campo de indagaciones sobre el que se apoya este escrito: ¿Qué elementos se ponen en evidencia en esta pandemia? ¿De qué manera experimentamos y articulamos nuestras corporalidades en nuestras casas? ¿Qué discursos sustentan diversas formas de vivir de manera más o menos “legítima” la pandemia? ¿Qué subjetividades se construyen?

El artículo se encuentra organizado en cuatro apartados: 1) ¿Adaptarse en tiempos de supervivencia?: cuerpos y espacios en contextos de aislamiento; 2) La intimidad confinada o la semántica del mostrar(se); 3) Las diversas caras de la pandemia: solidaridad, fragmentación y sospecha; y 4) consideraciones finales en carácter de conclusiones.

2. Materiales y métodos

En nuestros trabajos de campo, el ASPO se vivenció de manera particular. En una de nuestras investigaciones, aquella orientada a la práctica del running en grupos de entrenamiento en la Ciudad de Buenos Aires (Hijós, 2019), observamos cómo el confinamiento se volvió en una dificultad para nuestrxs interlocutorxs. Quienes corren –denominadxs globalmente como runners– se vieron en la obligación de parar sus actividades al aire libre, readecuarse, encerrarse en sus casas, mantener el aislamiento y adaptar sus rutinas a través de clases por streaming. Para estas personas, detener su entrenamiento, relajarse y entregarse al ocio improductivo, no es una posibilidad contemplada, una elección que harían, pero es la forma que encontraron para adecuarse a la “nueva normalidad” y continuar activas en momentos donde la realidad que conocíamos parecía estar detenida. El running se enmarca y se organiza bajo ciertos lemas del capitalismo contemporáneo. Entre ellos, se destaca el de la productividad en el ocio y el tiempo libre. La cultura del rendimiento nos propone estar en movimiento, entrenar de forma disciplinada como un deber individual, que se vuelve una ética moral, manteniendo un mecanismo de auto-control y una vigilancia programada del cuerpo (Hang & Hijós, 2020) (Hijós, 2020).

En aquella investigación destinada a analizar la “casa propia” para familias de sectores medios en el conurbano bonaerense –específicamente en el Municipio de Morón–, la casa se presenta como un epítome de este grupo social (Blanco Esmoris, 2020, en prensa). Estas personas en la actualidad privilegian la flexibilidad y versatilidad de los ambientes como valores estéticos de importancia bajo los cuales organizar sus vidas en la geografía de la casa. Para ellxs, el aislamiento implicó “hacerse cargo de manera total de la casa” y ser protagonistas de las modificaciones espaciales y materiales, constituyéndose, entonces, en el escenario principal de la vida cotidiana. Este espacio vino con una sobrecarga y profundización de obligaciones, ahora, conforme a criterios sanitarios. Antes la casa era un espacio de refugio y descanso mientras que en la actualidad se pondera como un lugar “contaminado” y hostil frente a una exigencia vinculada a la productividad y a la superación de esta “adversidad” que parece resolverse en términos individuales. Paradójicamente, llevar el confinamiento se volvió en una desigual odisea para hacer frente a los límites de la vivienda.

Si bien el artículo fue escrito en conjunto utilizando la primera persona del plural, las dos experiencias etnográficas surgen de nuestras propias investigaciones personales en el marco de becas doctorales: aquella vinculada al cuerpo y a las prácticas deportivas se desprende del trabajo de Nemesia Hijós con corredorxs y deportistas amateurs en grupos de entrenamiento, y la referida a la casa y los modos de habitar para las familias de sectores medios que residen en la localidad de Haedo –Provincia de Buenos Aires– del estudio de María Florencia Blanco Esmoris. Ambas conformamos y habitamos los sectores medios que investigamos y privilegiamos la etnografía como enfoque, método y texto (Guber, 2001). Las reflexiones que se esbozan en este artículo provienen de las interpretaciones y análisis de nuestras notas de campo tomadas entre los meses de marzo y abril de 2020.

Si bien nuestros trabajos se desarrollaban en un formato que privilegiaba la presencialidad, el COVID-19 hizo que los medios digitales se tornen soportes y mediaciones vitales a la hora de registrar y conocer las variaciones de la vida de las personas y, dar continuidad a nuestras investigaciones. En consecuencia, el enfoque propuesto se nutre de aportes de las llamadas “etnografías de lo digital” (Miller & Slater, 2000). Tales estudios enfatizan un tipo de abordaje de/en el trabajo de investigación a partir de las comunicaciones virtuales, de “seguir” la interacción de sus interlocutorxs en redes sociales, realizar mapeos –a distancia– sobre circulación y uso de tales soportes entre algunas de las tantas técnicas posibles. Este conjunto de actividades “requiere de nuestra atención para poder discernir la manera más adecuada de construirlo, en base a los objetivos de investigación claro, pero también en términos de desarrollar las formas de conexión que los nuevos entornos ofrecen” (Di Prospero & Daza Prado, 2019, págs. 66-67).

3. ¿Adaptarse en tiempos de supervivencia?: cuerpos y espacios en contextos de aislamiento

La casa y el cuerpo son protagonistas del aislamiento a nivel global. En Argentina, primero el encierro sugerido y luego, el encierro obligatorio fueron trastocando tanto los modos en que vivimos como las maneras bajo las cuales hacemos de lo contingente algo estable. Aunque en este contexto nos volvimos más vulnerables, la narrativa neoliberal siguió vigente tomando nuevas modalidades, con su propuesta de tener flexibilidad y, al mismo tiempo, reinventarnos para sobrevivir. Para quienes éramos transitorixs en nuestras casas nos volvió habitantes de tiempo completo, para quienes la casa era nuestra morada ahora es un lugar entre lo ajeno y lo monótono.

Por otra parte, cuidar el cuerpo en confinamiento se muestra como un reto, una odisea y un deber más: ocuparse de unx para sentir placer y bienestar. No todos los cuerpos son iguales ni todxs encuentran disfrute del mismo modo: hay cuerpos más quietos, más sedentarios, hay actividades que no pueden elegirse ni postergarse, rutinas que no se hacen como antes y crianzas familiares que se profundizan en los límites de la vivienda.

En este sentido, el contexto echó luz sobre una suerte de contigüidad entre la casa y el cuerpo; es decir, bajo la idea de “que ordeno mi casa y al mismo tiempo me estoy ordenando a mí mismx”, muchxs de nuestrxs interlocutorxs contaban el modo bajo el cual la adaptación se había tornado en una táctica para “mantenerse” en aislamiento.

Los cuerpos disponibles comenzaron a ser parte de otros hábitos. Los espacios aún se transforman, los esfuerzos se multiplican, con el objetivo de participar de rutinas de ejercicios, ahora por streaming. La virtualidad, en un comienzo, fue el escenario que dio apertura a una supuesta democratización de posibilidades y accesos, y propició a que varixs se sumaran a realizar actividad física en sus casas: videos de las cadenas de gimnasios con clases de zumba y hiitbox animando a lxs que antes no hacían ejercicio, deportistas amateurs –“sin límites”– completando 42 kilómetros en balcones de 7 m², ciclistas que violaban la cuarentena y se filmaban pedaleando en la montaña, influencers y comunicadores que terminaron triatlones en sus patios –con pelopincho incluida– “para alentar a la conciencia de quedarse en casa”. En este escenario, los nuevos soportes de comunicación y transmisión –plataformas como Instagram, YouTube y TikTok– parecían ser los nuevos garantes de tal apertura. El gobierno argentino también se adecuó a estas estrategias e impulsó videos en vivo y clases guiadas por streaming con atletas federadxs, profesionales y referentes del deporte como parte de la campaña #EntrenaEnCasa con el objetivo de garantizar la salud mental y ofrecer un espacio de ejercitación física. En este marco, la lógica del do it yourself –ahora, at home– pareció re-emerger y hacerse cuerpo. El ejercicio físico nos propone distensión, escape y liberación de endorfinas, pero, al mismo tiempo, es una vía para posicionarnos de forma competitiva: no perder el estatus alcanzado, demostrar nuestro “management del yo”, nuestra fuerza de voluntad y capacidad de superación.

Tanto en runners como en amateurs o aficionadxs –como podría ser una ama de casa con algunx de sus hijxs– la productividad y el autogobierno invadieron la domesticidad al cruzarse con el miedo a engordar, “dejarse estar” o “perder el estado físico” como efectos no deseables de una cuarentena que ya sobrepasó los 150 días. De esta manera, guías de consejos para “cuidarte”, automaquillaje, recetarios online, regulaciones calóricas, fitfluencers e influencers de cocina que auspician de cuasi nutricionistas siguen colmando el mundo digital. Albañiles y decoradorxs se consolidan como buildfluencers mientras nos enseñan cómo hacer coincidir quienes somos con nuestras casas. Las transmisiones por las múltiples plataformas nos saturan frente a un tiempo y espacio que no sentimos más nuestro, la casa está tomada.

A medida que corren los días, los deseos se colisionan con paredes morales que delimitan lo que se debe o no hacer en los límites de una casa que entra en permanente alteración. Para las familias esto se traduce en un conjunto de actividades para estar activxs, simultáneamente comparten prácticas con sus hijxs –ocupando el tiempo– y aprovechan de manera “positiva” este acontecimiento negativo. La vivienda se volvió un lugar para preservarse de la contaminación y el contagio, alejando a los otrxs potenciales portadorxs del COVID-19. Esto fue desigualmente experimentado también conforme a una variable geográfica en donde, por ejemplo, en el conurbano bonaerense el aislamiento fue más estricto y no se ha podido realizar actividad física al aire libre hasta recién el 24 de agosto del 2020, por tanto, las acciones en el ámbito doméstico se tornaron vitales en la adaptación, sea a los fines de arreglar o mejorar la casa, sea bajo el imperativo de mantenerse física y mentalmente activx.

Hoy, el agotamiento de la virtualidad se hace evidente y se manifiesta en una temporalidad más pausada. ¿Cómo conciliar la espera de la post pandemia ante una hiperdisponibilidad de ofertas que abruman nuestros cuerpos y espacios?

4. La extimidad confinada o la semántica del mostrar(se)

Puertas adentro, las personas comparten experiencias sobre cómo crear un ambiente para ejercitar o meditar: correr un mueble para ganar espacio, usar una manta en lugar de una colchoneta, generar un clima con sahumerios o velas, son algunos de los consejos para “ambientar” esa casa que hemos vuelto un Salón de Usos Múltiples (SUM). Escuchamos que los espacios son más “amables” si tienen luz natural o que son más “vivibles” si son versátiles y tienen buena ventilación mientras otrxs ven sus condiciones de vida amenazadas. Antes del ASPO los espacios de sociabilidad estaban en el afuera –la escuela, la oficina, el gimnasio, la plaza–, ahora se exhibe el cuerpo y la casa desde el “adentro”, desde el living.

Volvemos cuerpo una experiencia de la “extimidad”, como explica Paula Sibilia (2008), un modo de estar en el mundo, una intimidad construida y mostrada mediante la incorporación tecnológica a nuestras sociabilidades. En este nuevo espectáculo, el paisaje doméstico se condensa en objetos como un celular, mancuernas, sanitizantes y repelentes. Los espacios se vuelven más versátiles y flexibles. Se asume la capacidad elástica de casas que no lo son y de nuestros cuerpos. La disponibilidad se vive como un mantra individual. Fieles a la pauta del neoliberalismo que nos propone estar preparadxs para “cualquier situación”, que seamos gestorxs, emprendedorxs, resilientes, que nos desarrollemos a partir de eventos nefastos, que tengamos estrategias de ajuste y que valoremos de forma positiva el riesgo. A pesar de las diferencias, estamos todxs atravesadxs por un sistema que nos demanda hacer. El ritmo cotidiano que solíamos tener se quiebra permanentemente cuando una videollamada familiar te sorprende mientras estás tomando una clase de Twerk o estás escuchando a tu profesor/a de la universidad dar un teórico. Los tiempos se solapan. No hay horarios cuando todo es pasible de hacerse en cualquier momento.

Ese estar “siempre listx” se volvió una forma de existencia. Por momentos, parece que retornamos a un estado de naturaleza, en donde la amenaza constituye el ambiente. En medio de la marea se nos pide ser artífices de las soluciones. El espíritu emprendedor nos impulsa a que la coyuntura sea una nueva y des–igual– oportunidad para probarnos, para resignificar el riesgo. Esta actitud predica los resultados benéficos del esfuerzo personal y se enmarca en la lógica propia del neoliberalismo que pretende regir en todas las esferas de la existencia humana. El lenguaje del coaching cuela palabras y consignas en distintos ámbitos y homogeniza experiencias.

“Con lo que tenés, hacés”, propone una profe de un gimnasio en Instagram, mientras anima a seguir sus clases de fitness con botellas de agua. La campaña de una de las marcas deportivas más importantes a nivel mundial afirma “Nada nos detiene”. Su principal competidora nos desafía con el slogan “Transformá el problema en rendimiento”. Una influencer de decoración nos dice “El que quiere puede” durante su explicación sobre cómo patinar un mueble. En una meditación virtual se nos invita a alinear nuestros chakras: “Escuchen su cuerpo y denle lo que necesita”. A modo de tolerar sin colapsar, narrativas de la adaptación que fueron pregnando las vivencias en el contexto contingente.

El ideal normativo del capitalismo se diluye en un fenómeno que interviene en cuatro dimensiones: lenguaje, espacio, cuerpo y emociones. Tal ideal se expande como parte del management, la gestión, configurando ethos asociado a cierta gubernamentalidad neoliberal. Es decir, una actitud del presente: una manera de pensar y sentir, de obrar y conducirse, como marca de pertenencia y, a la vez, como tarea. Asistimos, entonces, a un despliegue discursivo y performático tanto en el terreno de la gestión empresarial, que se extiende a otros ámbitos, como la organización doméstica. En este contexto, el lenguaje se torna un amplificador de las experiencias subjetivas, homogeneizando las vivencias. De acuerdo con Gilles Lipovetsky (1995), ese tipo de narrativa produce un lifting semántico. Es decir, cada vez más usamos iguales palabras y consignas para referirnos a lo mismo: hacemos uso de conceptos que se apoyan en el crecimiento, la armonía y el respeto. Las familias concilian tales lenguajes en las fronteras de un espacio doméstico que encuentra nuevas formas de sostenimiento. Cuando esto termine, ¿qué repertorio semántico conformará el lenguaje de la vida cotidiana en los sectores medios?

5. Las diversas caras de la pandemia: solidaridad, fragmentación y sospecha

El Presidente Alberto Fernández criticó esta prédica neoliberal cuando al comienzo del ASPO, el 1 de abril de 2020, sostuvo: “Nos hicieron creer que el secreto era el individualismo”. Las tensiones entre lo individual y lo colectivo son pujas constantes en los escenarios de la pandemia. En momentos de aislamiento social, la intención de sentir que estamos todxs juntxs se amplifica, resulta esperanzadora ante la incertidumbre.

Se activan las redes de solidaridad: ir al supermercado o a la farmacia por alguien que no puede salir, habitar los balcones, mirarnos a lo lejos, cantar el himno. Asimismo, el control y la vigilancia en cuanto al cumplimiento del ASPO que se podía reconocer fácilmente como una de las contracaras de esta situación, mermó en el último tiempo. Sin embargo, para algunos colectivos como lxs runners estas dinámicas continúan vigentes. En este panorama, las familias intentan mantenerse activas desarrollando rutinas pero el solapamiento de exigencias laborales, domésticas y educativas termina por posponer siempre el momento destinado a cuidar y “cultivar” el cuerpo.

Al inicio de la cuarentena, la solidaridad supo ser estructurante de la vida en aislamiento. Hoy la mirada ajena a lo propio y la sospecha parecen irrumpir en nuestros espacios habitacionales: personas que contemplaban desde sus casas por sobre las medianeras para ver qué hacían sus vecinxs, otrxs que moralizaban a quienes subían y bajaban las escaleras o utilizaban las terrazas para hacer gimnasia. Las personas están al límite consigo mismas y con sus otrxs.

En definitiva, toda crisis tiene sus contradicciones y sus fragmentaciones, en este caso, fuertemente manifiestas en nuestros cuerpos y en las fronteras de nuestras viviendas. Aun el resquebrajamiento de algunos grupos sociales se producen: acciones de ayuda mutua, contactos, micro-gestiones colectivas que buscan aliviar a los sectores más vulnerables ahí cuando el Estado se hace presente de manera intermitente o no llega. El altruismo toca nuestra puerta y respondemos como podemos. Las familias hacen de sus casas un fuerte. Excepto que sean de sus redes de amigxs y conocidxs, la ayuda “no es para cualquiera”. La lógica individualizante organiza el #QuedateEnCasa incluso para quienes se inscriben en prácticas de asistencia y colaboración ciudadana. La solidaridad en los sectores medios se manifiesta reticularmente en un grupo social que también empieza a ver secuelas de una desestabilización socioeconómica producto del contexto. Y a pesar de los esfuerzos, nada es suficiente. El discurso meritocratizante parecía haberse apagado en esta contingencia y sin embargo, impregna los criterios morales bajo los cuales las personas entienden sus decisiones y elecciones en esta pandemia. En definitiva, ¿qué soslaya y qué oculta dicha adaptación?

6. Conclusión

La crisis global a causa del COVID-19 transformó el modo en que vivíamos. En Argentina, el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio comenzado el 20 de marzo de 2020 implicó una modificación de nuestras rutinas, desplazamientos y modos de habitar las ciudades y los barrios. Desigualdades estructurales se pusieron en evidencia, mientras otras, anteriormente más invisibilizadas, comenzaron a tomar protagonismo. Como científicas sociales, este escenario nos puso frente a una diversidad compleja de modos a partir de los cuales lidiar con esta situación. En este marco, decidimos aunar esfuerzos para continuar nuestro trabajo investigativo y presentar nuevos interrogantes.

Comenzamos este artículo poniendo de relieve las tensiones y complejidades que revelan las crisis. En este sentido, propusimos un diálogo entre nuestras investigaciones particulares para echar luz sobre las experiencias –encarnadas en el cuerpo y en la vivienda– para llevar a adelante la vida en contexto de aislamiento físico. En sectores medios, esto presenta diversos matices de acuerdo con características geográficas, generacionales, estéticas y morales. En escenarios de incertidumbre y crisis, la producción de “nuevas normalidades” se torna un ejercicio vital desde el cual darle sentido y orden al mundo.

Para quienes realizan prácticas deportivas, específicamente para lxs runners, tal adaptación da cuenta de la fortaleza de los cuerpos, el poder de la voluntad y la capacidad de resiliencia aún en contextos complejos. Adecuarse a nuevos espacios donde realizar la actividad física, entrenar el cuerpo y seguir en movimiento expresa las estrategias de transformación, las revela y expone frente a otrxs en las redes sociales. Pone en valor nuestro esfuerzo y dedicación, exhibe nuestra voluntad para superarnos en momentos de adversidad. No obstante, en estas relaciones la “autorealización individual” (Velisone, 2020) parece un pesado mandato difícil de llevar a buen puerto.

Para las familias de sectores medios en el conurbano bonaerense, la pandemia implicó readecuar tiempos y espacios en pos de sostener sus, ahora, nuevas cotidianidades: incorporar muebles, cambiar las funciones del espacio, rearmar agendas y establecer nuevas actividades comunes. “Ajustar” y “arreglar” espacialidades a las nuevas tareas, a una presencia sin descanso en sus viviendas llevó a estas personas, a transformar sus cuerpos conforme a hacer de la continencia una certeza, por más mínima que sea. La adaptación como narrativa disponible se tornó argumento permanente de sus elecciones. En este marco, se replegaron en una intimidad paradójicamente cada vez más visible por otrxs de manera virtual. La supervivencia en estas experiencias tuvo asidero en un esfuerzo por establecer un discurso positivo y superador de la experiencia. Es decir, si se estaba pasando por una experiencia negativa, se sublimaba tal negatividad y se la traducía en algo positivo: “bueno” y “bien”.

Como presentamos a lo largo del artículo, aun por colectivos diferentes y de manera variada, en contextos de crisis se puede micro-gestionar la vida cotidiana, de distintos modos, según las condiciones de cada unx. Sin embargo, tal gestión da cuenta de una distribución desigual de bienes, recursos y respuestas. Bajo este escenario de excepcionalidad, queda pendiente estar atentxs, observar y registrar de qué modos se desarrollan o se profundizan nuevas acciones de adaptación a esta supervivencia y los efectos de semejante vivencia en la tan ansiada post pandemia.


Sobre los autores:

Nemesia Hijós es Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG) de la Facultad de Ciencias Sociales (FSOC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina. Doctoranda en Ciencias Sociales en la misma casa de estudios (FSOC, UBA). Magíster en Antropología Social por el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Licenciada y Profesora en Ciencias Antropológicas con orientación sociocultural por la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UBA. Integrante del Seminario Permanente de Estudios Sociales del Deporte y otros grupos de investigación sobre deporte y género en el IIGG-UBA. Miembro del Grupo de Trabajo Deporte, Cultura y Sociedad del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Sus áreas de interés son la antropología y sociología del deporte, los procesos económicos y políticos en los clubes deportivos; cuerpo, mercado y consumo en el running. Ha publicado diversos artículos de investigación sobre estos temas y otros de divulgación científica en medios nacionales e internacionales. Recientemente ha compilado junto con Verónica Moreira y Rodrigo Soto-Lagos Los días del Mundial: miradas críticas y globales sobre Francia 2019, publicado por CLACSO. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9854-1563

María Florencia Blanco Esmoris es Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con lugar de trabajo en el CIS-CONICET/IDES (Centro de Investigaciones Sociales). Socióloga por el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de Universidad Social de San Martín (UNSAM) y doctoranda en Antropología Social en la misma institución. Complementariamente, se diplomó en Políticas Públicas y OSCC por el Instituto del Conurbano (ICO) de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). En el IDES, coordina junto con Jazmín Ohanian el Grupo de Estudio y Trabajo “Cosas cotidianas” (Cultura Material). Desde un enfoque y método etnográfico, en su investigación de doctorado analiza los modos de habitar la casa de las clases medias de la localidad de Haedo (Morón, provincia de Buenos Aires). Entre sus tópicos de investigación se encuentran: los procesos de desigualdad social, el análisis de la cultura material, la vivienda y la antropología urbana. Asimismo, es Jefa de Trabajos Prácticos de la materia Introducción a la Antropología en la UNSAM y profesora de Antropología y Problemas Socioculturales en la Universidad de Belgrano (UB). ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5463-5704


Conflicto de intereses

Ninguno que declarar.

Referencias
1. Arfuch, L. (1992). La interioridad pública: la entrevista como género. Buenos Aires: Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
2. Arfuch, L. (2016). El “giro afectivo”. Emociones, subjetividad y política. Revista DeSignis, 24, 245-254.
3. Blanco Esmoris, M. F. (2020, en prensa). Dinámica y cautiva: la cultura material de la casa. Una mirada etnográfica sobre el habitar en Haedo, Provincia de Buenos Aires. Revista Atlántida. Revista Canaria en Ciencias Sociales.
4. Blanco Esmoris, M. F., & Hijós, N. (2020). Exposed bodies, open houses. Embodiment and domestic life during the pandemic scenario in urban middle classes in Buenos Aires (Argentina). Cambio. Rivista sulle trasformazioni sociali, OpenLab on Covid-19, 1-6.
5. Di Prospero, C., & Daza Prado, D. (2019). Etnografía (de lo) digital - Introducción al dossier. Etnografías Contemporáneas(9), 66-72.
6. Guber, R. (2001). Etnografía. Método, campo y reflexividad. Buenos Aires: Norma.
7. Hang, J., & Hijós, N. (30 de marzo de 2020). Los cuerpos en la cuarentena. Página 12, pág. 28.
8. Hijós, N. (2019). La carrera de los runners. una etnografía en Nike+ Run Club de Buenos Aires. Buenos Aires: Tesis de Maestría en Antropología Social.
9. Hijós, N. (13 de junio de 2020). Ni locos ni idiotas, runners. Página 12, pág. 32.
10. Koselleck, R. (1988). Critique and crisis: enlightenment and the pathogenesis of modern society. Hamburg and New York: Berg.
11. Lipovetsky, G. (1995). La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Barcelona: Anagrama.
12. Miller, D., & Slater, D. (2000). The Internet: an ethnographic approach. Oxford: Berg.
13. Milstein, D. (2016). La aventura de “hacer Etnografía”. [Revisión del libro La articulación etnográfica. Descubrimiento y trabajo de campo en la investigación de Esther Hermitte, por R. Guber]. Revista Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales, 6(1), e007.
14. Sibilia, P. (2008). La intimidad como espectáculo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
15. Velisone, J. E. (2020). La posideología y el espíritu republicano. La construcción de la base electoral del PRO. Revista Científica Arbitrada de la Fundación MenteClara, 5(114).

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