Palabras silenciosas: Una propuesta didáctica del uso del silencio y la poesía como modo de vida y acercamiento al mundo y a los otros

Francisco José Francisco Carrera1

1. Universidad de Valladolid, España. E-mail: (F.J.F.C.)



Resumen

El presente trabajo pretende centrarse en el análisis profundo del silencio y la poesía como herramientas didácticas. Con ello busca apuntar las razones que hacen de la enseñanza del silencio y la poesía materiales muy valiosos que podemos usar los educadores a la hora de mostrar otros modos de vida más ecológicos, colaborativos y respetuosos con uno mismo y con los otros. Esto es así porque al cultivar el silencio y la lectura de poemas se desarrolla una mirada centrada y atenta, un deseo de cuidado y un profundo respeto hacia aquello que es observado al intentar ser comprendido. Se esbozará asimismo una breve propuesta didáctica de líneas generales a través de la cual se propone introducir en las aulas la práctica del silencio y la lectura/escritura de poemas. Todo ello incidirá en una mayor atención en nuestros procesos humanos, buscando con ello una mejor y más cuidadosa relación de uno consigo mismo, con los otros y con el mundo.

Received: 2020 March 3; Accepted: 2020 March 6

Revista Científica Arbitrada de la Fundación MenteClara. 2020 Mar 6; 5: 143
doi: 10.32351/rca.v5.143

Copyright

© 2020 RCAFMC - Este artículo de acceso abierto es distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC BY 4.0).

Keywords: Silencio, poesía, interiorización, modo de vida, enseñanza, educación.
Keywords: Silence, poetry, internalization, way of life, teaching, education.

Introducción

Estamos ante un momento educativo clave en la historia de la humanidad. Teniendo en cuenta factores como la singularidad (Kurzweil, 2002, 2006) parece evidente que la velocidad de todos los procesos socioeducativos irá en aumento de manera exponencial. Por todo ello, todos los que nos ocupamos de desarrollar nuestras labores en el mundo de la Educación estamos claramente ante una experiencia nueva. Aunque, por supuesto, nada nuevo hay bajo el sol, como se nos dejó dicho en la Vulgata. Toda esta velocidad tiene un claro impacto en el mundo y en nosotros como seres humanos. En el primero porque en un mundo finito, todo lo que se lleva a una progresión geométrica acaba por saturar hasta el último recoveco y no dejar ni un espacio para el descanso, el silencio o la paz interior. En los segundos, nos parece obvio, porque el ser humano es un ecosistema con unos biorritmos que si no son respetados llevan a la ruptura y a la enfermedad. Del mismo modo, esto puede ocurrir también en lo social, pues el cuerpo social está compuesto por cada individuo, si estos están enfermos y al borde del colapso, lo social estará enfermo y asimismo acabará colapsando antes o después.

Con todo esto en mente sería importante por lo tanto, señalar algunos aspectos que debemos tener en cuenta. Para empezar, se hace necesario y urgente que desde los sistemas educativos del mundo se promuevan valores muy concretos para desarrollar modos de vida sanos y adecuados, siempre desde un pensamiento igualitario, solidario y armónico con nosotros mismos, los otros y el mundo exterior. Esta tríada es de especial importancia para los futuros educadores como patrón a transmitir. Partimos de nuestro interior pero necesitamos salir fuera para tener una vida plena, fuera están los otros, nuestros iguales, y está el mundo, nuestro medio ambiente como ecosistema que posibilita la vida y que es el lugar en que nuestras interacciones tienen lugar. Autores como Riechmann (2004, 2005, 2009) ya nos han avisado de manera concreta de la importancia de ese medio en el que nos movemos y creamos relaciones y cómo, al ser finito, ha de ser cuidado con especial atención algo que no estamos haciendo si tenemos en cuenta los resultados de nuestras interacciones con el planeta de unas décadas a esta parte. De esto también se ha hecho eco, por ejemplo, Trainer (2017) con propuestas muy prácticas de nuevos modos de vida más en consonancia con una vida más ecológica y natural. Del mismo modo, este estado de cosas ha hecho que autores como Maffei (2016) hagan lo posible por alabar la lentitud como necesidad para centrarnos de nuevo en qué es importante y qué lo es menos.

Así, estas líneas de actuación en lo educativo habrán de dar paso a desarrollos más concretos y centrados en elementos que se pueden considerar beneficiosos para la vida social del ser humano y el impacto ecológico de las mismas en el mundo. Empezaremos analizando la importancia del silencio y la interiorización en nuestras rutinas. Ambos elementos de una importancia radical en nuestras ruidosas y veloces vidas.

Silencio e interiorización

Metodología:

Atendiendo al objeto de estudio propuesto, en este trabajo nos valdremos de una metodología basada en la revisión bibliográfica de diversos textos que puedan ayudarnos en la profundización requerida para nuestro entendimiento del objeto de análisis y la posterior propuesta didáctica. De esta manera, nos basaremos en fuentes ontológicas, epistemológicas y metodológicas recientes en relación a los temas que estamos estudiando. En el siguiente apartado haremos lo mismo a la hora de entender la naturaleza de la poesía. Empecemos por lo tanto con el proceso.

El silencio empieza a ser un lujo estos días, rodeados de pantallas y de aparatos que llaman nuestra atención constantemente de manera más o menos ruidosa, solemos vernos al borde del colapso más de una vez a lo largo de cada jornada. Hay diversos grados y modos de silencio, eso es obvio, pero aquí solo hablaremos del exterior y del interior. Remitimos al lector que quiera ver una serie de miradas más extensa y profunda al respecto a los textos recopilados por Francisco Carrera (2019).

Pablo d’Ors (2015) ha sido muy claro al respecto de la importancia del silencio en nuestras vidas. Sin el silencio acabamos enmarañados en el fárrago de nuestros agitados días. Sin el silencio es difícil que seamos capaces de ver los matices y las maravillas que suelen ser ocultadas por la visión rápida y rutinaria acostumbrada a no prestar verdadera atención. El silencio, como veremos más adelante, está relacionado con la visión poética, con el mirar del poeta que hace nuevo cada gesto, cada objeto, cada esquina del mundo aunque haya sido visitada miles de veces. El silencio, por lo tanto, devuelve la belleza al día a día y lo impregna de dignidad y cariño. Es el silencio de la escucha y el silencio que hace que el discurso tenga sentido al intercalarse entre las palabras que iluminan, cuando son bien utilizadas, algo que saben muy bien los poetas. Ese silencio nos enseñaría a existir de una manera más profunda y no simplemente a habitar en la roma superficie de los objetos (Bonnefoy, 2014).

Hay un silencio externo, por tanto, que no es fácil conseguir hoy. Nos rodean los ruidos más variopintos y no frecuentamos a menudo las arquitecturas propias del no-ruido. A decir verdad, los lugares en los que predomina el silencio no son muchos en las grandes ciudades: bibliotecas, museos, hospitales, cementerios, lugares de culto y poco más. Le Breton (2014) nos conmina a encontrar lugares silenciosos por los que caminar –la naturaleza, si es eso posible– pero dependiendo de dónde vivamos esto puede ser una tarea harto complicada de llevar a cabo. Por ello, cuando queremos permanecer en silencio en lo externo parece que lo poco que nos queda es encerrarnos en nuestras casas a modo de fortaleza inexpugnable e intentarlo. El teléfono móvil, ese fetiche absoluto de nuestra época, deberá estar acallado si somos capaces de tomar esa decisión porque se ha convertido en un apéndice más de nuestra anatomía y silenciarlo o dejarlo en otro sitio que no sea a nuestro lado nos dará cierto grado de angustia a muchos de nosotros. Y con todo, aunque este silencio externo es difícil, el silencio interno es el verdaderamente difícil de conseguir.

Para empezar, debemos recordar cuánta información nos rodea, cuántos estímulos nos afectan en nuestro día a día. Ya es difícil tranquilizar nuestra mente con todo el cúmulo de asuntos personales que consideramos importantes como para añadirle la miríada de noticias que buscan hacerse un espacio en nuestras cabezas. Nunca fue tan difícil mantener un centramiento sincero y real que nos ayude en la búsqueda de un silencio interior. Así, habitamos en un ruido constante de mayor o menor intensidad, tanto externamente como internamente. Nuestras estancias se llena de informaciones, algunas necesarias y que nos ayudan pero muchas otra que no son más que ruido vacío y que desarrollan aspectos que acabaran por influir negativamente en nosotros. Reclamar ese espacio de silencio interior es por lo tanto esencial. Para no dejarse llevar por el ruido exterior se necesita una mente centrada, una mente en calma, una mente más allá de la mente incluso. Grün (2016) ha sido muy concreto al promover la necesidad de concentrarse en un solo asunto y lograr encontrar el propio centro. Esto, junto a otra serie de medidas que propone es lo que denomina tratar a la creación y a uno mismo con cuidado. Ser prudente nunca ha sido algo tan necesario, creemos, porque estamos manejando cantidades ingentes de información, algo que no ocurría en siglos pasados –en décadas pasadas, de hecho, la explosión de la información es algo unido al fenómeno de las nuevas tecnologías de la información y a internet de manera concreta como herramienta–. Esa prudencia, por otra parte, la han reiterado autores como el filósofo mexicano Mauricio Beuchot. Beuchot (2003, 2009) habla encarecidamente de la necesidad de un modo de vivir anclado en la phronēsis como experiencia sapiencial del saber vivir, esa phronēsis estaría anclada en un modo de vivir prudente que se desarrolla a partir de una mirada atenta y centrada, cuidadosa al fin y al cabo, que no violenta pero tampoco se despreocupa, se mantiene en un prudente término medio para saber cuándo acercarse o cuándo alejarse.

Por último, David Le Breton (2016) nos advierte de que en nuestro mundo el ser humano está constantemente tentado a desaparecer, a dejar de estar en sí. Por ello a través del silencio sería importante llegar al siguiente paso, la interiorización hacia capas más profundas de uno mismo. Si nos conocemos mejor, estaremos en mejor situación para tratar de ayudar y comprender al otro. Asimismo este conocimiento radical nos hará seres más pendientes de las formas de vida que nos rodean y de las que participamos. Todo ello incidirá también en una visión pan-ecológica más profunda y comprometida.

Por ello, apostamos por una necesidad de replantearnos lo que implica la interiorización y por qué nos haría mucho bien. Esa interiorización no es otra cosa que saber estar con nosotros mismos, en paz, sin angustias, sin prisas, sin más que nuestra respiración, nuestro silencio –que puede ser simplemente interior, aunque recordemos que suele ser el más difícil de conseguir–. Todo ello repercutiría en modos de interacción social más armónicos, más cuidadosos, más prudentes, más, al fin y al cabo, cariñosos y deseosos de dar cabida al otro y sus visiones de vida que enriquecerán las nuestras al encontrarse. Al fin y al cabo, ese cuidado y cariño que son consustanciales a la bondad es algo que nos hace propiamente humanos, como bien ha sabido ver Esquirol (2018).

Necesidad de ser y el modo poético de ver la vida

Este apartado quiere detenerse con cierta calma en la necesidad de entender por qué una visión poética del mundo y la vida nos podría ayudar en nuestro día a día.

Vicente Gallego (2013, 2014) hace un acertado análisis de la poesía como género propio del ser. Bebiendo de fuentes como el Advaita Vedanta[1] o el Taoísmo, nos recuerda que es un género propiamente ontológico pues al fin y al cabo es una canción y una celebración de la seidad –término de la teosofía– captada de forma efímera por la visión atenta y cuidadosa del poeta. De este modo, convendría recordar que la poesía alienta la atención y la sensación de unidad con el Todo del que formamos parte. La lectura de un poema, tendremos a bien reconocer, es un acto que desfamiliariza el mundo en cierto sentido, pero lo hace para que luego, al familiarizar de nuevo la situación, el lector haya recordado lo que es mirar las cosas por primera vez. Por eso, un modo poético de vida, un modo de vida anclado en la forma en que leemos poesía o incluso la escribimos, nos lleva a una necesidad de mirar con tanto cuidado como intensidad. Por eso es un género que pide tiempo, que necesita sus ritmos, que no va corriendo de un sitio a otro. Es un género lento porque muchos de nuestros modos humanos necesitan de esa lentitud para florecer adecuadamente: el cariño, la amistad, el respeto, el amor, la curación, la comprensión profunda de lo distinto, la intimidad, la complicidad, la confianza.

Así, Ballart (2005) hace énfasis en la importancia del contorno del poema, de su inclusión en un recipiente que lo hace más manejable, por así decirlo, y que en un primer momento parece decirnos que aquí, en el poema, hay reglas propias que el lector ha de aprender antes de transitar el lugar de manera más fácil y cómoda; esta profunda identidad de la poesía, como bien dice Fenton (2001), es especialmente propia del poema lírico y responde en gran medida a su extensión que nunca es demasiado grande. Núñez Ramos (1998) se refería a este hecho como la sensación de universo que se creaba en el poema; también E. A. Poe hablaba de esa coherencia propia del principio poético, todo ello abunda en el sentido de unidad textual que hace de un poema un elemento muy útil como recurso didáctico. El poema es una nueva patria que re-conocer. Es un objeto verbal pero de alguna manera sus palabras, que son fronteras que recorrer, nos dan la oportunidad de re-conocer nuestras propias fronteras, nuestras huellas pasadas, nuestro presente absoluto y acaso un esbozo de lo que puede llegar a ser nuestra vida en un futuro hipotético. Esa potencia transformadora está en la poesía de forma basal. Si Kongtu (2012), teórico chino de la dinastía Tang, recordaba en su tratado Las veinticuatro categorías de la poesía, obra clave de la estética literaria china, que: más allá del intelecto está lo genuino/acuérdate siempre porque entonces/ con lo viejo, lo nuevo construirás –Categoria III: lo nuevo y lo exuberante–. Esto también es propio de la naturaleza poemática, esa unión de tiempos que en el fondo busca transcenderlos a todos para actualizarse en un ahora absoluto, en un ser que estalla aquí y ahora, se crea, se destruye y se vuelve a crear al mismo tiempo. Fugacidad absoluta, eternidad del momento, del instante único. Esa intensidad que intenta recrear la poesía ya desde su voluntad de brevedad e intensidad a la vez. Lo breve e intenso a veces nos deja ese sabor de eternidad en la boca, “fue un segundo que duró una década” a veces decimos de manera metafórica para imprimir más énfasis a nuestro discurso. A veces es al contrario, pero el juego paradójico que subyace es el mismo: “fueron dos horas pero se me pasaron en un segundo”. Ambas ideas apuntan al centro estático que genera todo movimiento, algo que muchos pensadores han intentado desarrollar pero que generalmente son los poetas los que pueden transmitirlo en la fugaz intensidad de un verso. T. S. Eliot (1995) lo hizo de forma magistral en su obra Cuatro Cuartetos: the light is still / at the still point of the turning world –1º cuarteto, “Burnt Norton”, Seccion IV, vv. 9 y 10–. En ese punto quieto todo el movimiento se origina, del mismo modo que en el presente se unen pasados y futuros cuando silenciamos nuestras mentes y entramos en modo poético, ese modo de leer o escribir poesía que nos hace ser más conscientes de 1) nosotros mismos, 2) el otro que no somos nosotros pero nos complementa y nos recuerda qué y quién somos con el contraste de su identidad-otra y 3) el mundo como esfera de lo interrelacional humano, el mundo como zona de interacción pero también como cuerpo que hemos de tratar con cuidado y mimo, dando gracias por estar en él y por ser capaces de relacionarnos con nuestros hermanos y con nosotros mismos a través de él.

Si pensar es “el transparente, imperceptible moverse de la quietud” (Valente, 2004), ese acto intelectivo de apropiación del poema es por lo tanto un entrar en el bosque del otro y en las profundidades abisales de uno mismo. Es una apropiación porque lo llevamos a nuestro interior pero a la vez el poema se nos apropia, nos devora con sus fauces y caemos en su interior mientras vamos intuyendo cómo es nuestro interior. La forma del poema es tan solo lo que facilita el salto, como en una piscina las paredes hacen que el agua se mantenga unida y no se disperse. Nos bañamos gracias a esos límites, eso mismo ocurre con el poema también, nos sumergimos en él por los claros límites de los versos que incitan al salto, fascinándonos ese vacío aparente que luego se llenará de significado.

Propuesta didáctica: El silencio y la poesía como modo de vida

En este apartado queremos simplemente dejar constancia de cómo podemos integrar de manera didáctica el uso del silencio y la poesía en nuestras aulas y cómo esto podrá ayudar para que docentes y discentes desarrollen de manera conjunta una visión de la aproximación al poema y al silencio como modo de vida. Consideramos que esto tendrá repercusiones después en la esfera de lo social, al estar mejor formados en procesos de silencio y lectura de poemas que incidirá en una mejor interiorización que a su vez posibilitará una manera más prudente, cuidadosa, respetuosa y cariñosa de relacionarnos con nosotros mismos, con los otros y con el mundo que nos rodea.

Para empezar, la lectura de poemas es un ejercicio excepcional de interiorización para promover el conocimiento de uno mismo. De hecho, ya nos dice Maillard (2019), quien es a la vez una destacada filósofa y una excepcional poeta, que solo a través de esa lectura que da el poema se puede llegar a promover una necesaria ética de la compasión y esto es así porque el poema fuerza el conflicto de ser capaces de vernos a nosotros mismos de manera más profunda y eso solo se puede hacer si de alguna manera nos alejamos de nosotros mismos. En esta profunda paradoja radica la fuerza de la buena poesía en particular y de la buena literatura y el arte en general. Por todo ello, consideramos conveniente que la presencia de la lectura de obras poéticas sea una constante en cualquier sistema educativo que promueva el bienestar interior y exterior, todo ello por lo útil que es aprender a conocernos a nosotros mismos a través de un objeto artístico o poemático, en este caso, que nos ayude en el proceso. Esto no tiene por qué ser solo patrimonio de los estudios literarios, la poesía como objeto destilado de la presencia y la seidad es de hecho un material adecuado para otros estudios, por lo que convendría que los docentes tuvieran unas nociones básicas de su funcionamiento, del mimo modo en que tenemos nociones básicas de otros idiomas, matemáticas o historia. Esto ayudará en la creación de un pensamiento poético basado en la lectura de poesía que transcenderá al final el sistema educativo, irá más allá de la aulas y nos ayudará a ver el mundo con una visión atenta, cuidadosa y especialmente sensible a lo que es distinto pero también será capaz de ver los matices en lo ya conocido, en lo similar que es parecido pero no debe confundirse con lo igual. Estos ejercicios de lectura deberían estar basados tanto en el proceso interior de lectura en silencio como en la declamación de poemas para uno mismo y para los otros, pues esta es también una característica seminal de la poesía, su evidente oralidad.

Por otro lado, consideramos que el silencio y la poesía son herramientas excepcionales para promover estados de meditación en educación que se pueden trabajar de manera muy natural. Krishnamurti (2009) reitera que esta meditación busca una quietud, sí, pero no una que ha de ser forzada sino una que fomenta la necesidad de querer ver las cosas como son, sus matices, su verdadera realidad. El estado que interesaría fomentar entre los estudiantes sería, a su manera, el mismo abismamiento propio del lector de poesía que cede su atención plena a la lectura del poema, sale de sí mismo para ir hacia lo otro profundamente y en ese viaje gana un doble conocimiento: de sí mismo y del otro.

Cabe decir para concluir que para esta aproximación didáctica al silencio y a la poesía, géneros de poesía mínima como el haiku son una excepcional herramienta educativa para los docentes de todos los ciclos y etapas curriculares. De esto hemos hablando en otros sitios y a ellos remitimos al lector interesado para datos concretos de uso y aplicación en el aula de Educacion Primaria (Francisco Carrera, 2016, 2018). El haiku al ser un poema especialmente contenido en sí mismo por su brevedad hace que el lector tenga que prestar especial atención a cada detalle por nimio que sea. También es un modo excepcional de estimular la creatividad entre el alumnado porque aparentemente es un género fácil de emular, algo que, como suele ocurrir, es engañoso porque en su simplicidad está su mayor dificultad. Como vemos, la poesía intentar decir en poco espacio lo más esencial que pueda ser dicho, de alguna manera por eso se relaciona tanto con el silencio porque está en constante diálogo con este. Baste lo dicho al respecto para no entorpecer con más palabras algo que debería ser suficiente para señalar ligeramente y de manera sutil lo que es absolutamente esencial, como esperamos haber sido capaces de hacer hasta ahora.

Conclusión

Somos seres que habitamos diversos límites: nuestras mentes, nuestros cuerpos, nuestros lazos familiares, nuestros idiomas, nuestras nacionalidades. Estamos dentro de lo que Mèlich (2012) ha llamado una filosofía de la finitud. Una finitud que nos ampara y nos limita al mismo tiempo. Nos sentimos seguros dentro de nuestra casa, al calor del hogar, pero necesitamos también salir ahí fuera, conocer otros hogares, querer al otro, protegerlo y sentirnos protegidos, todo esto, este intercambio de lo propio por lo ajeno es lo que hace verdaderamente rica la experiencia humana. Al darnos libremente al otro, encontramos dentro riquezas inagotables y se nos hace evidente que cuando damos verdaderamente no perdemos, sino que creamos más espacio al compartir. Necesitamos reconocernos en los otros porque somos en tanto en cuanto somos reconocidos por ojos de otro, porque somos entendidos por otras mentes y amados por otros corazones. Así, desde nuestra finitud, desde nuestras fronteras, necesitamos acercarnos al otro, aproximarnos a él abogando también por una filosofía de la proximidad en el sentido que lo ha venido haciendo Esquirol (2016).

El ser humano, por lo tanto, es capaz de viajar entre fronteras, de hecho es capaz de crearlas y demolerlas como ha venido haciendo a lo largo de su historia. Fronteras artificiales pero que no por ello pierden validez porque la idea de frontera también le es natural de alguna manera. Trías (2014) nos ha explicado cómo esta capacidad de crear y traspasar fronteras, debido a su carácter excéntrico, hace del hombre un ser extremadamente complejo, indigente a la vez que absolutamente libre. Su debilidad más extrema –cuando cae en los fanatismos de los miedos que lo pueden hacer violento para los otros y para sí mismo incluso– es a la vez su mayor fortaleza –cuando es impelido a superarse y a redefinir sus límites, sus parámetros supuestamente predefinidos de actuación–. En esa fina línea que puede llevar a la creación o a la destrucción habita el ser humano, por eso una capacidad de estar bien centrado y atento para poder evaluar con el corazón y la cabeza qué puede ser lo mejor para todos y para todo se hace esencial.

La poesía y el silencio, como herramientas didácticas, levantan puentes que unifican realidades y mundos muy alejados. Nos ayudan a entendernos mejor a nosotros mismos, nos facilitan la siempre difícil aventura de entender al otro –que es distinto– y nos despiertan a una conciencia ecológica que puede devenir en una mejor relación con el medio ambiente, con el planeta que habitamos y que nos da cobijo facilitando las relaciones anteriormente explicadas. Por ello, acabamos con las palabras de Borges quien decía lo siguiente:

Sabemos qué es la poesía. Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos. ¿Y por qué habríamos de necesitar más palabras?” (Borges, 2001).

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Nota al pie.

[1]Sánscrito: अद्वैत वेदान्त: Advaita Vedānta, literalmente, "no-dualidad" Noción de sujeto diferente de modelo cartesiano "cuerpo-alma" que se desarrollada en la India principalmente por Mahavira o Buda -si es que existió-, y que entiende que el sujeto es una construcción de la cultura y en relación a los otros.


SOBRE EL AUTOR:

Francisco José Francisco Carrera es Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Salamanca, Profesor de la Universidad de Valladolid (España) y responsable del grupo de investigación “Hermenéutica aplicada a la Didáctica” de la Cátedra de Estudios e Investigación sobre Hermenéutica Analógica (CESHA). Asimismo, es Editor de la Revista Nudos. Ha impartido numerosas comunicaciones y conferencias en congresos nacionales e internacionales y cuenta con más de 60 publicaciones en campos como la didáctica de las lenguas, el uso de materiales literarios en la enseñanza de idiomas extranjeros, la hermenéutica aplicada a la didáctica y los procesos de salud socioeducativos desde una perspectiva propiamente didáctica. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2481-8213


Conflicto de intereses

Ninguno que declarar.

Referencias
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2. Beuchot, M. (2003). Hermenéutica analógica y del umbral. Salamanca: San Esteban.
3. Beuchot, M. (2009). Tratado de hermenéutica analógica. Hacia un modelo de interpretación. México, D.F.: Ítaca.
4. Bonnefoy, Y. (2014). El territorio interior. Madrid: Sexto Piso.
5. Borges, J. L. (2001). Arte Poética. Seis conferencias. Barcelona: Editorial Crítica.
6. Eliot, T. S. (1995). Cuatro cuartetos. Madrid: Alianza. Edición Bilingüe de Esteban Pujals Gesalí.
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10. Francisco Carrera, F. J. (2016). Hermenéutica Analógica, Poética del Haiku y Didáctica de la Creatividad. Una propuesta para desarrollar la interpretación, la comprensión y la creatividad literaria en el aula de Lengua Inglesa en Educación Primaria). Tesis Doctoral. Universidad de Salamanca.
11. Francisco Carrera, F. J. (2018). Didáctica de la lengua inglesa a través de la poesía japonesa. Una mirada hacia un patrimonio de carácter transcultural. En R. de la Fuente Ballesterios & Carlos Munilla. (Eds.) Visiones transdisciplinares en torno a Patrimonio, Creatividad y Poesía. Valladolid: Verdelís Didáctica.
12. Francisco Carrera, F. J. (Coord.) (2019). Palabras de Nunca y de Nada. Herramientas didácticas y filosóficas para la aplicación del silencio en la sociedad y la educación. Soria: Ceasga.
13. Gallego, V. (2013). Contra toda creencia. Barcelona: Kairós.
14. Gallego, V. (2014). Vivir el cuerpo de la realidad. Barcelona: Kairós.
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23. Mèlich, J-C. (2012). Filosofía de la finitud. Barcelona: Herder.
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27. Riechmann, J. (2004). Gente que no quiere viajar a Marte. Ensayos sobre ecología, ética y autolimitación. Madrid: Catarata.
28. Riechmann, J. (2005). Un mundo vulnerable. Ensayos sobre ecología, ética y Tecnociencia. Madrid: Catarata.
29. Riechmann, J. (2009). La habitación de Pascal. Ensayos para fundamentar éticas y Tecnociencia. Madrid: Catarata.
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33. Valente, J. A. (2004). La experiencia abisal. Barcelona: Galaxia Gutenberg.

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