CAREGIVING ATTITUDES TOWARD YOUNG CHILDREN (AGES 0-6) IN THE ARGENTINE POPULATION. PSYCHOMETRIC VALIDATION OF AN ASSESMENT TOOL
Bernardo Kerman Bkerman@uflo.edu.ar
Universidad de Flores, Argentina
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3066-007X
Gabriel Mortara Gabriel.mortara@uflouniveridad.edu.ar
Universidad de Flores, Argentina
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1911-5820
Melisa Gaggino melisa.gaggino@uflouniverisidad.edu.ar
Universidad de Flores, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6994-1392
Rocío Kobylanski rocio.kobylanski@uflouniversidad.edu.ar
Universidad de Flores, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1283-9968
Camila Menéndez Maissonave camila.menendez@uflouniversidad.edu.ar
Universidad de Flores, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0009-0008-0592-6482
Florencia Victoria Guerrieri florencia.guerrieri@uflouniversidad.edu.ar
Universidad de Flores, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0009-0002-0800-3970
Lara María Itatí König lara.konig@uflouniversidad.edu.ar
Universidad de Flores, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0009-0001-3328-9715
Cómo citar este artículo / Citation: Kerman, B., Mortara, G., Gaggino, M., Kobylanski, R., Menéndez Maissonave, C., Guerrieri, F. & König, L. (2026). Actitudes de cuidado de padres, madres y cuidadores hacia niños de 0 a 6 años en población general argentina. Validación de una herramienta psicométrica. Revista Científica Arbitrada de la Fundación MenteClara, Vol. 11 (410). DOI: https://doi.org/10.32351/rca.v11.410
Copyright: © 2026 RCAFMC. Este artículo de acceso abierto es distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC BY 4.0). Recibido: 29/12/2025. Aceptado: 04/01/2026. Publicación online: 09/01/2026.
Conflicto de intereses: Ninguno que declarar.
El cuidado en la primera infancia constituye un componente central para el bienestar y desarrollo integral de los niños. En este estudio se presenta la construcción y validación de un instrumento destinado a evaluar actitudes de cuidado en madres, padres y cuidadores de niños pequeños de población general en Argentina. Desde un marco teórico con perspectivas cognitivo-sistémicas y humanísticas se definieron siete dimensiones del cuidado: contacto físico sensorial, comunicación, expresión de afecto y aceptación, límites, necesidades básicas, necesidades lúdicas y satisfacción con el rol parental. El instrumento preliminar, compuesto por 55 ítems con opciones de respuesta de tipo Likert, y denominado como Cuestionario de Dimensiones de Cuidado Infantil (CDCI) fue evaluado por expertos y administrado a una muestra de 614 madres, padres y cuidadores de niños de entre 0 a 6 años, el 82,6% seleccionaron el género femenino y 17,4% el masculino, con edades entre 18 y 68 y una media de 36,26 años. Se realizaron análisis factoriales exploratorios y confirmatorios que permitieron depurar el cuestionario, obteniendo cinco dimensiones válidas y fiables: comunicación, expresión de afecto y aceptación, límites, necesidades lúdicas y satisfacción con el rol parental. Las dimensiones contacto físico sensorial y necesidades básicas presentaron indicadores insuficientes. La versión final se ha reducido a 26 ítems. Se evidenciaron adecuados índices de validez estructural y confiabilidad, con coeficientes Alpha de Cronbach y Omega de McDonald aceptables. Este estudio aporta un instrumento sólido para evaluar actitudes de cuidado en la primera infancia, insumos para diseñar intervenciones preventivas y programas psicoeducativos orientados a fortalecer las prácticas parentales en la población general.
Abstract
Early childhood care is a central component for children's well-being and holistic development. This study presents the development and validation of an instrument designed to assess parental attitudes toward care among mothers, fathers, and caregivers of young children in the general population of Argentina. Based on a theoretical framework grounded in cognitive-systemic and humanistic perspectives, seven initial dimensions of care were defined: sensory physical contact, communication, expression of affection and acceptance, limits, basic needs, play needs, and satisfaction with the parental role.
The preliminary instrument, consisting of 55 Likert-scale items, called Childcare Dimensions Questionnaire, was reviewed by experts and subsequently administered to a sample of 614 mothers, fathers, and caregivers of children aged 0 to 6 years. Of these, 82.6% identified as female and 17.4% as male, with an age range of 18 to 68 and a mean age of 36.26 years. Exploratory and confirmatory factor analyses were conducted to refine the questionnaire's structure, resulting in five valid and reliable dimensions: communication, expression of affection and acceptance, limits, play needs, and satisfaction with the parental role. The dimensions of sensory physical contact and basic needs were discarded due to insufficient indicators. The final version of the instrument consisted of 26 items. Overall, the analyses showed adequate structural validity and reliability indices, with mostly acceptable Cronbach's alpha and McDonald's omega coefficients. This study provides a robust instrument for assessing caregiving attitudes in early childhood and offers input for the design of preventive interventions and psychoeducational programs aimed at strengthening parenting practices in the general population.
Palabras Claves: cuidado infantil; parentalidad; actitudes parentales; validación de instrumento; primera infancia
Keywords: childcare; parenting; parental attitudes; instrument validation; early childhood
En la actualidad se piensa lo que es un niño o una niña desde una perspectiva de sujeto de derechos, o desde la infancia como una etapa del desarrollo humano y se señala que el cumplimiento de los derechos de los niños y las niñas es una corresponsabilidad del Estado, la familia y la comunidad (Villalta & Llobet, 2015). Esta concepción ha dado lugar a modificaciones culturales y sociales en pos del bienestar de las niñas y niños (Pacheco Marimon & Osorno Álvarez, 2021). Este paradigma se refleja en el reconocimiento del cuidado, entendido como los comportamientos que se precisan para fomentar el bienestar de las personas, como un derecho. Si bien las necesidades de cuidado varían respecto a las características y momentos vitales, la responsabilidad en la observancia de este derecho es compartida entre las figuras parentales y el Estado, para garantizar el desarrollo de los niños y cumplimiento de sus necesidades (Corte IDH, 2025).
Desde esta perspectiva actual, el cuidado y la calidad del mismo está dada sobre la base de los comportamientos y estrategias que usan los cuidadores principales, para atender, proteger y garantizar la supervivencia y desarrollo saludable de los bebés y los niños pequeños. Se consideran cuidadores principales, a todos aquellos adultos familiares y no familiares que apoyan el cuidado (Bowlby, 1979) (UNICEF, 2023).
Los primeros años de vida, en especial entre los 0 y 6 años, constituyen un momento esencial para el desarrollo afectivo, cognitivo y social de las personas. Por lo tanto, las oportunidades que se brindan en esta etapa de la vida resultan fundamentales para el desarrollo de los niños (Dehollainz et al., 2024) (Rodríguez Enriquez & Marzonetto, 2015). En la infancia son las figuras parentales o de cuidado quienes, además de satisfacer las necesidades alimentarias y de minimizar los riesgos para la supervivencia, deben dar entre otros bienes afecto, respondiendo a las necesidades del niño (Barudy & Dantagnan, 2010 citado en Pacheco Marimon & Orno Álvaez, 2021). Es posible considerar que la calidad de dichas relaciones es relevante para las diferentes áreas del desarrollo infantil. Los cuidados, la estimulación y los buenos tratos parentales desempeñan un papel esencial en la organización, el desarrollo y el funcionamiento cerebral temprano (Dehollainz et al., 2024) (Siegel, 2007). A su vez, se ha observado que las actitudes y las conductas parentales efectivas y receptivas se relacionan positivamente con el éxito y las competencias académicas de los niños en edad escolar (Burchinal et al., 2002).
Con relación a estos criterios, (Barudy y Dantagnan 2010, citado en Pacheco Marimon & Orno Álvaez, 2021) desarrollan el concepto de competencias parentales. Las definen como aquellas capacidades prácticas que tienen los cuidadores o adultos significativos para proteger, cuidar y educar a los niños, asegurándose un desarrollo saludable. La posibilidad de contar con estos recursos estaría influida por componentes biológicos, modulados epigenéticamente por experiencias vitales, por la cultura y los contextos sociales en los que se van desenvolviendo a lo largo de su recorrido vital. En este sentido, el despliegue de competencias que realicen los cuidadores estará íntimamente ligado al medio social donde los procesos parentales se desarrollan. Así, estos serían sensibles al riesgo psicosocial, a las concepciones culturales de lo que significa ser “buenos padres” o “buenos cuidadores” y a las propias experiencias de apego y resiliencia como al temperamento. Dichas competencias evolucionan para dirigir el comportamiento de los cuidadores en diversas situaciones cotidianas y abarcar las necesidades de los niños con el objetivo de asegurar su bienestar y el cumplimiento de sus derechos (Gómez & Muñoz, 2015 citado en Pacheco Marimon & Orno Álvaez, 2021).
Concluyendo, puede entenderse al cuidado como una serie de actitudes, estrategias y comportamientos que el cuidador utiliza con el niño para procurar su bienestar y desarrollo. Dichas actitudes se relacionan con estimular las habilidades motrices, cognitivas y emocionales aplicando en todo momento un trato basado en el respeto, la sensibilidad, la comunicación, los límites, el compromiso y preservación de un vínculo satisfactorio tanto lúdico como afectivo con el niño o niña (Mendoza Albis et al., 2022).
Validar psicométricamente un instrumento destinado a evaluar las dimensiones del cuidado parental en padres, madres y cuidadores de niños/as de 0 a 6 años en la población general.
Definir y operacionalizar las dimensiones teóricas del cuidado infantil basadas en modelos cognitivo-sistémicos y enfoques humanísticos, a fin de elaborar los reactivos iniciales del instrumento.
Evaluar la validez de contenido del instrumento mediante juicio de expertos especializados en cuidado infantil y parentalidad.
Analizar la estructura interna del instrumento a través de Análisis Factoriales Exploratorios (AFE) y Confirmatorios (AFC) que permitan identificar y confirmar la dimensionalidad del cuestionario. (Descargar cuestionario aquí).
Examinar la consistencia interna de cada dimensión mediante coeficientes de confiabilidad (α de Cronbach y ω de McDonald).
Depurar y ajustar los ítems del cuestionario en función de los resultados psicométricos, identificando qué dimensiones y reactivos presentan adecuación estadística y conceptual.
Establecer una versión final del instrumento compuesta por dimensiones validadas que permitan evaluar actitudes de cuidado parental en población general.
Generar insumos que permitan su futura aplicación en programas de prevención, promoción del bienestar infantil e intervenciones psicoeducativas basadas en evidencia.
Una perspectiva integral del cuidado contempla no sólo las acciones concretas que realizan los adultos, como alimentar o proteger, sino también la disponibilidad emocional, la calidad del vínculo, el sostén simbólico, y la promoción de la autonomía del niño (Bowlby, 1979) (Moneta, 2014). A partir de este enfoque, se identifican distintas dimensiones del cuidado que permiten analizarlo con mayor profundidad. Estas dimensiones constituyen ejes clave para comprender cómo se ejerce el cuidado en diferentes contextos, y permiten distinguir modos y sentidos que pueden variar según condiciones socioeconómicas, culturales y familiares. Sobre la base de los constructos teóricos mencionados y la definición expuesta, se podrían describir una serie de aspectos centrales del cuidado de niños pequeños, destacando la importancia de los vínculos primarios y su impacto en el desarrollo (González Santana, 2022) (Moneta, 2014).
Bowlby (1979) estudió el vínculo madre e hijo, explorando esta díada más allá de las concepciones que reducían la misma a una necesidad de alimentación. Al analizar dicha temática destacó que frente a interacciones con calidez, intimidad y permanencia ambos experimentan alegría y satisfacción, lo cual influye positivamente en la salud mental del niño, tanto en la inmediatez como a largo plazo. Desarrolla la teoría del apego, enunciando que existen conductas que propician la cercanía de una persona con otra que es percibida como especial, fuerte y más sabia. Este segundo individuo representa la figura de apego y las funciones que cumple son: representar una base para la exploración del entorno, aliviar malestares y defender al bebé frente a situaciones de peligro. Dicho vínculo de apego puede establecerse con distintas personas, si los cuidadores son amables y sensibles con el niño (González Santana, 2022) (Vuyk, 1983).
Para generar un apego seguro, es preciso que la figura de apego sea accesible, esté dispuesta e interesada por el bebé para entender sus señales y brindar una respuesta sensible (Bowlby 1993 citado en Romero Escobar & Romero Escobar, 2022) (González Santana, 2022) (Moneta, 2014) (Vuyk, 1983). Desde la perspectiva del cuidado, las necesidades relacionadas con el desarrollo socio-afectivo que favorecen un apego seguro tienen un papel decisivo durante la infancia ya que son fundamentales para la construcción de relaciones positivas y duraderas, así como para el desarrollo de la autonomía y la exploración del entorno (Sánchez Vélez & Bolívar Chávez, 2023) (Sandoval-Carrillo, 2022). Moya et al. (2016) y Mañes et al. (2011) también afirman que los métodos de cuidado y enseñanza sumados a una relación basada en el afecto y la protección son determinantes para que el niño pueda formar vínculos afectivos positivos, fuertes y duraderos. Es por ello que, todas estas habilidades que el niño construye sobre la base del cuidado y el afecto, repercutirán positivamente en el desarrollo, tanto en la esfera cognitiva como social, durante los posteriores años, incluyendo la adultez ya que les permiten afrontar diversos desafíos, encontrar soluciones a situaciones problemáticas, fomentar la resiliencia, autorregulación emocional, el desarrollo de competencias sociales y una menor presencia de problemas de conducta (Barudy & Dantagnan, 2005) en (Pacheco Marimon & Osorno Álvarez, 2021) (Moneta, 2014) (Narváez et al., 2019).
El contacto sensorial y físico representa un medio de comunicación y un canal de aprendizaje para los niños pequeños, a la vez que genera efectos positivos. Se ha comprobado que la relación temprana piel a piel entre la díada madre-hijo, beneficiaría una serie de transacciones reguladas psíquica y biológicamente entre el niño y el cuidador primario, que incorporadas en la relación de vínculo favorecen el progreso de las funciones de autorregulación, la formación de una personalidad resiliente y el manejo de estrés (Tessier et al., 1998).
Dávila (2021), resalta, dentro de las distintas formas de contacto, tales como llevar al niño en brazos, mirarlo a los ojos desde pequeño en el momento de alimentarlo, abrazarlo cuando el niño/a lo acepta, besar sus mejillas y su cabeza y estar cerca físicamente en sus primeros años, la importancia de la mirada materna, dado que ésta es una de las primeras muestras de interrelación social entre el bebé y su persona de cuidado. Los distintos tonos emocionales que el bebé vivencia son componentes determinantes para la formación de la personalidad, debido a que en esta etapa comienza la percepción que tendrá el niño de sí mismo, y sobre la cual se construirá su autoestima. Más allá de ello, estar en brazos de la madre disminuye el llanto y aumenta la sensibilidad materna (Anisfeld et al., 1990), el contacto piel a piel y hacer masajes al bebé favorecen el crecimiento, desarrollo y bienestar (Feldman et al., 2002). Por otra parte, se ha probado que las muestras de contacto físico cariñoso disminuyen el estrés en los niños (Feldman et al., 2002) y favorecen el desarrollo de la autorregulación emocional, así como de competencias sociales y menor presencia de problemas de conducta (Narváez et al., 2019).
La comunicación entre el niño y el adulto implica un contenido esencialmente humano, destacándose las formas, los motivos y los medios, los cuales dependen del carácter social y activo que caracteriza este proceso (Tomás, 1989). Comunicación y lenguaje no son lo mismo, por lo que se extiende la noción de la comunicación más allá del discurso verbal. Se incorpora lo corporal, gestual, distancia física, actitud en general, como canales válidos y necesarios, sobre todo en los primeros años de vida del niño. El niño emitirá sonidos vocales, que si bien no reflejan unidades lingüísticas serán sobre interpretados por sus padres como conductas comunicativas. De este modo, se entiende que la capacidad comunicativa excede al lenguaje (Altares, 2008).
Al respecto de las interacciones comunicativas entre padres y bebés Del Río et al. (1996) desarrollan el concepto “motherse”, en referencia al modo particular en el que un adulto se dirige a un niño pequeño a través de la comunicación oral. El primero ajusta su lenguaje para facilitar la comprensión del niño; al tiempo que brinda, a través de la conversación, un espacio educativo y de interacción. A su vez se favorece el desarrollo futuro del bebé propiciando que se inicie a pronunciar sus primeras palabras y a usar el lenguaje más tempranamente que aquellos que no fueron estimulados (Galván-Bovaira et al., 2009).
Para concluir, es fundamental considerar el modo en el que los padres se comunican tanto de modo verbal como no verbal, puesto que a edades tempranas los niños no son aún capaces de manifestar en palabras sus pensamientos ni sentimientos, comprender sus necesidades les brinda seguridad y apuntala los vínculos familiares (Marín Iral et al., 2019).
El juego es entendido como una práctica que favorece el desarrollo integral de los niños, especialmente durante sus primeros años de vida siendo el placer y la libertad sus características definitorias (Malajovich, 2009); a su vez permite satisfacer la necesidad de expresión en sus emociones, sentidos, y pensamientos. Dichas expresiones son modeladas por los adultos que juegan con los niños (Moreno, 2002). Al respecto, se destaca que el rol de los cuidadores debe caracterizarse por brindar comprensión y apoyo hacia las actividades lúdicas que elija el niño, con una actitud de respeto y posibilitando dichos momentos (Mieles Barrera et al., 2020).
Otra de las maneras en que el rol de los cuidadores influye en los momentos de juego es a través de la oferta de materiales y juguetes que se brindan a los niños. Los mismos otorgan, de acuerdo a su tipo, estimulación en lo referente a sus habilidades motoras, creatividad, imaginación, desarrollo del pensamiento crítico, de sus sentidos, capacidad de resolver situaciones problemáticas, la regulación emocional y desarrollo de la empatía. Al elegir juguetes es importante considerar que los mismos sean acordes al desarrollo del momento evolutivo, y seguros para prevenir lesiones no intencionales (Alatorre, 2025).
Como conclusión, el juego desde la perspectiva del cuidado, implica una relación interpersonal que demanda atención e incluye acciones que tienden a fomentar el sano y adecuado crecimiento, proporcionando bienestar y desarrollo y estimulación cognitiva y afectiva de forma adecuada con la etapa evolutiva al niño en función de sus necesidades y derechos, por lo que el juego es una forma más dentro del abanico de conductas posibles y necesarias de cuidado de niños (Sojo, 2011).
La satisfacción con el rol parental ha sido definida como la gratificación y placer que se experimenta a partir de ejercer el rol de padre o madre. Estas sensaciones se vivencian al reconocer las expectativas individuales del rol parental, al conocer la personalidad e individualidad del niño y al cumplir con las tareas de cuidado (Pridjam & Chang, 1989 citado en Botha et al., 2020).
Este tipo de satisfacción presenta tres dimensiones principales: la autoeficacia parental, el vínculo afectivo positivo y el reconocimiento social del rol.
La autoeficacia parental hace referencia a la sensación de ser capaz de cuidar, proteger y educar a los hijos ejerciendo una influencia positiva que ayude a los pequeños a lograr un desarrollo favorable (Hernández-Martínez & Rascón-Gasca, 2020). Cuando los padres perciben una mayor autoeficacia para gestionar los problemas de conducta de los niños, su estrés percibido disminuye (Yorke et al., 2018 citado en Hernández-Martínez & Rascón-Gasca, 2020). A su vez se sostiene que cuando los cuidadores consiguen obtener y mejorar las habilidades implicadas en su rol, logran valorar positivamente su desempeño (Haaker Bullard, 2023) y de acuerdo a los postulados de Bandura, al percibir que se está realizando un buen trabajo, los cuidadores se ven motivados para continuar pese al esfuerzo que les supone y las dificultades que puedan surgir (Botha et al., 2020).
El vínculo afectivo positivo hace referencia a una manera de relacionarse basada en la seguridad, estabilidad y calidez. Finalmente, el reconocimiento social del rol ocurre al sentir que su función es valorada por otros integrantes de su comunidad (Rodrigo López et al., 2009).
A su vez, el apoyo social ayuda a disminuir el estrés parental y superar desafíos (Rodrigo López & Callejas Castro, 2021).
Los límites son normas y reglas que los padres y cuidadores establecen dentro del hogar para mantener la disciplina en los niños desde los primeros años de vida. Estos implican decir al niño que sí siempre que sea posible y decir que no cuando sea necesario. A través de los límites los adultos enseñan al niño las reglas sociales y las normas que debe cumplir tanto dentro como fuera de su hogar. No se trata sólo de dictarlas, sino de acompañar y sostener los parámetros de conducta que se establezcan desde el mundo adulto, lo cual les permite incorporarlos y desarrollar la adecuación social (Zagury, 2004).
Ochaita y Espinosa (2012) establecen que el autocontrol de los niños y niñas se nutre a partir de las normas y límites percibidos como justos, lo cual los ayuda a regularse hasta que puedan ejercer dicho control por sí mismos. A su vez, es de suma importancia presentar un accionar sistemático y coherente al establecer las normas de comportamiento, así como evidenciar las consecuencias tanto positivas como negativas frente al cumplimiento de las mismas.
Esta dimensión se relaciona con el cuidado ya que la falta de límites implica inseguridad, baja tolerancia a los tiempos de espera y frustración, posible instauración de problemas de conducta. A su vez el exceso de límites puede generar desafíos para crecer en libertad, aparición de conductas de rebeldía o sumisión impidiendo el aprendizaje de herramientas para regular de manera autónoma sus conductas (Castellanos Cabrera, 2024).
Ochaita y Espinosa (2004) se refieren a las necesidades básicas como aspectos vitales que implican una adecuada alimentación, vestimenta, higiene saludable, vivienda digna, buena atención sanitaria, vacunación, descanso suficiente, seguridad económica y ambiental, primordiales para el cuidado de niños pequeños. También son indispensables para favorecer los procesos madurativos que promueven el desarrollo físico y psicomotor que tendrá lugar durante esta etapa. Se encuentran contempladas dentro de estas necesidades el ejercicio físico en los niños y la protección de riesgos físicos que deben proporcionar los cuidadores y autoridades públicas para prevenir diversos tipos de violencia (Ochaita & Espinosa, 2012).
En conclusión, las necesidades básicas son fundamentalmente relevantes durante esta etapa dado que garantizan la seguridad y supervivencia de los bebés dependientes del cuidado de los adultos (Ardila, 2003). Garantizar tanto una nutrición y estimulación adecuadas, como la ausencia de enfermedades, situaciones de violencia, abuso, negligencia, brinda a los niños, entonces, mayores probabilidades de crecer y desarrollarse hasta alcanzar su máximo potencial (UNICEF, 2023).
Se empleó un diseño instrumental, orientado al desarrollo y evaluación de un cuestionario destinado a medir dimensiones del cuidado parental en la población general. Este tipo de diseño permite construir, operacionalizar y analizar las propiedades psicométricas de un instrumento a partir de procedimientos sistemáticos de elaboración de ítems y posterior aplicación a una muestra definida. El estudio incluyó etapas de formulación conceptual, construcción del banco inicial de reactivos y recolección de datos mediante un cuestionario auto-administrado en formato online.
El muestreo fue no probabilístico intencional, compuesto por madres, padres y cuidadores de niños de entre 0 a 6 años de Argentina (n=614) con edades entre 18 y 68 y una media de 36,26 años. El 82,6% (n=507) eran mujeres, el 17,3% (n=106) hombres y el 0,2% (n=1) se identificó con otro género. Respecto al nivel educativo se consideró el máximo alcanzado y la distribución fue: 2% (n=12) primario, 25,6% (n=167) secundario y 72,5% (n=435) estudios terciarios/universitarios. 26,9% (n=165). Reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 64,5% (n=396) en la Provincia de Buenos Aires y el 8,6% (n=53) del interior del país. El estado civil de los participantes se distribuye en 26,1% (n=160) solteros, 65,1% (n=400) casado, 8,1% (n=50) divorciado o separado y 0,7% (n=4) viudo. En lo que respecta al rol 73,3% (n=450) se identificó como madre, 15,6% (n=96) como padre y el 11,1% (n=68) como cuidador.
El instrumento denominado Cuestionario de Dimensiones de Cuidado Infantil (CDCI) estuvo compuesto por 55 ítems, redactados como afirmaciones sobre prácticas y actitudes de cuidado, organizadas en siete dimensiones teóricas: Comunicación, Expresión de afecto y aceptación, Límites, Necesidades lúdicas, Satisfacción con el rol parental, Contacto físico sensorial y Necesidades básicas. Las respuestas se registraron mediante una escala Likert de cinco puntos (1 = Nunca, 5 = Siempre), que permite valorar la frecuencia de las conductas de cuidado. La construcción del instrumento se basó en modelos teóricos del cuidado infantil y en la consulta con expertos, quienes revisaron la pertinencia y claridad de los ítems elaborados.
El desarrollo del estudio siguió un procedimiento secuenciado y acorde con las recomendaciones metodológicas para investigaciones de carácter instrumental. En una primera fase, se realizó una revisión exhaustiva de la literatura especializada con el propósito de delimitar conceptualmente las dimensiones teóricas del cuidado infantil y orientar la construcción inicial del banco de ítems. Posteriormente, se elaboró la versión preliminar del cuestionario, la cual fue sometida a un proceso de evaluación por jueces expertos, quienes analizaron la pertinencia conceptual, claridad semántica y coherencia interna de los reactivos. Tras incorporar las sugerencias derivadas del juicio de expertos, se procedió a la administración de la versión ajustada del instrumento mediante un formulario digital distribuido a través de un muestreo no probabilístico de tipo intencional. La participación fue voluntaria, anónima y precedida por la aceptación del consentimiento informado, garantizando el cumplimiento de los principios éticos de la investigación con seres humanos. Finalmente, los datos recopilados fueron sistematizados y preparados para su análisis estadístico, siguiendo los lineamientos propios de los estudios de construcción y evaluación de instrumentos de medición psicológica, tal como señalan Ato et al. (2013).
La versión inicial del Cuestionario de Dimensiones de Cuidado Infantil (CDCI) considera siete dimensiones: Contacto físico sensorial, comunicación, expresión de afecto y aceptación, límites, necesidades básicas, necesidades lúdicas y satisfacción con el rol parental. Estás dimensiones corresponden a las principales formas de expresión del cuidado de niños.
Se realizó un planteo acerca de los elementos constituyentes de cada una consultando con expertos en la materia (Tabla 1).
Descripción de las dimensiones de cuidado basado en la consulta con expertos
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CUIDADO DE NIÑOS |
|
Contacto físico sensorial Contacto piel a piel Caricias Abrazos Acercamiento físico |
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Comunicación Comunicación verbal Comunicación no verbal Adecuación del habla al niño |
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Expresión de afecto y aceptación Aceptación incondicional Manifestación del amor y el cariño Consideración de los deseos del niño Tiempo compartido junto al niño |
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Límites Puesta de límites en la conducta del niño Respuestas ante comportamientos no deseados Rigidez en la puesta de límites Empleo de castigos |
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Necesidades básicas Alimentación Higiene Vivienda Acceso a la salud Seguridad económica |
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Necesidades lúdicas Actividades lúdicas con el niño Conocimiento respecto a los juegos del niño Tipos de juguetes y actividades lúdicas |
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Satisfacción con el rol parental Sentimientos de agrado y alegría en el rol parental Frustraciones y angustia en el rol parental Percepción propia acerca de la calidad como padre. |
A partir de esta elaboración inicial se formularon las preguntas pertinentes a cada dimensión. Se elaboraron 55 reactivos que constituyen el borrador inicial del instrumento, en la cual el tipo de respuesta fue Likert, marcando el grado de frecuencia con el que se daba la afirmación:
[ 1 ] Nunca
[ 2 ] Muy pocas veces
[ 3 ] Algunas veces
[ 4 ] Muchas veces
[ 5 ] Siempre
Una vez construido el instrumento inicial se consultó con cuatro expertos en la materia respecto a lo adecuados que eran los items para la evaluación de cada dimensión. Todos los expertos aprobaron la implementación del instrumento para medir los aspectos relevantes del cuidado infantil.
Se realizaron Análisis Factoriales Exploratorios (AFE) para evaluar la estructura de las siete dimensiones y se encontraron valores aceptables en cinco de ellas: Límites, Necesidades lúdicas, Expresión de afecto y aceptación, Satisfacción con el rol parental y Comunicación. En todos los casos se empleó el método de máxima verosimilitud con rotación varimax.
Los supuestos de factorización se cumplieron en todas las dimensiones, dado que los valores KMO oscilaron entre .68 y .83, considerados de aceptables a meritorios, y las pruebas de esfericidad de Bartlett resultaron significativas en todos los casos (p < .001).
Los modelos unifactoriales resultaron adecuados. La varianza explicada osciló entre el 24.8% (Límites) y el 44.9% (Expresión de afecto y aceptación). Las cargas factoriales se ubicaron en rangos moderados a altos, entre .36 y .90.
En cuanto al ajuste de los modelos, los índices indicaron una buena adecuación: los valores de RMSEA estuvieron entre .00 y .06, los valores de TLI entre .96 y 1.01, y las pruebas χ²/gl mostraron relaciones favorables, no significativas en la mayoría de los casos, lo que sugiere que los modelos se ajustaron apropiadamente a los datos.
En conjunto, los resultados respaldan la pertinencia de una estructura unifactorial para cada una de las dimensiones evaluadas, evidenciando una adecuada validez estructural de los ítems que componen el cuestionario.
Tanto la dimensión de necesidades básicas como de contacto físico sensorial no mostraron valores aceptables por lo que los ítems correspondientes a ambas dimensiones fueron descartados. El cuestionario quedó conformado por 26 ítems correspondiente a 5 dimensiones.
Se realizaron análisis factoriales confirmatorios (AFC) para evaluar la validez de la estructura unifactorial de cada dimensión del cuestionario.
En la dimensión Comunicación, el modelo mostró un ajuste perfecto a los datos (χ² = .49, p = .491), con CFI = 1.00, TLI = 1.00, RMSEA = .00 y SRMR = .015, lo cual respalda plenamente la unidimensionalidad propuesta.
Para la dimensión Satisfacción con el rol parental, el ajuste fue aceptable, aunque el estadístico χ² fue significativo (χ² = .004). Los índices indicaron un buen ajuste relativo (CFI = .985; TLI = .969), con un RMSEA = .064 y SRMR = .027, ambos dentro de los valores considerados aceptables.
En la dimensión Expresión de afecto y aceptación, el modelo también mostró un ajuste adecuado (χ² = .215, p > .05). Los valores de ajuste fueron satisfactorios: CFI = .998, TLI = .995, RMSEA = .030 y SRMR = .011, lo que indica un excelente ajuste del modelo.
La dimensión Necesidades lúdicas presentó un χ² significativo (χ² = .001), aunque los índices restantes mostraron un ajuste adecuado (CFI = .976, TLI = .959, RMSEA = .059, SRMR = .028). Estos resultados sugieren que, a pesar del rechazo del χ², el modelo conserva un nivel de ajuste aceptable.
Finalmente, la dimensión Límites mostró un ajuste perfecto (χ² = .536, p > .05; CFI = 1.00; TLI = 1.00; RMSEA = .00; SRMR = .009), lo que confirma su adecuación como un modelo unifactorial.
En conjunto, los resultados de los AFC indican que cinco de las siete dimensiones: Límites, Necesidades lúdicas, Expresión de afecto y aceptación, Satisfacción con el rol parental y Comunicación; originalmente planteadas presentan una estructura unifactorial con índices de ajuste satisfactorios, lo que respalda su validez estructural.
Un aspecto fundamental de todo instrumento de evaluación es que haya una consistencia temporal en los puntajes obtenidos, a esto se le denomina fiabilidad. Para la aplicación del cuestionario se seleccionó una muestra intencionada de 614 padres, madres y cuidadores de niños. En la Tabla 2 se pueden apreciar los valores de fiabilidad de las dimensiones estudiadas basándonos en las medidas más empleadas, el Alfa de Cronbach (Nunnally & Bernstein, 1994) y el Omega de McDougal (McDonald, 1999).
|
Cantidad de ítems |
Alfa de Cronbach
|
Omega de McDonald |
|
|
Comunicación |
6 |
,720 |
,753 |
|
Expresión de afecto y aceptación |
4 |
,725 |
,754 |
|
Límites |
4 |
,557 |
,565 |
|
Necesidades lúdicas |
6 |
,762 |
,773 |
|
Satisfacción Rol Parental |
6 |
,735
|
,762 |
Tabla 2. Coeficientes Alpha de Cronbach y Omega de McDonald estimados para cada dimensión de la encuesta
Los valores aceptables del Alfa de Cronbach y Omega de McDonald se encuentran entre ,70 y ,90. Como puede observarse todas las dimensiones con la excepción de límites se encuentran dentro, o están en los límites, de los valores aceptables.
Los resultados de este estudio permiten concluir que el cuestionario desarrollado para evaluar las actitudes y dimensiones del cuidado parental en la población general presenta evidencias sólidas de validez estructural y consistencia interna en cinco de las dimensiones propuestas. Se cumplió el objetivo inicial de delimitar y operacionalizar las dimensiones teóricas del cuidado arribando a siente dimensiones que encapsulan las actitudes de cuidado, en línea con los marcos teóricos que destacan la importancia del cuidado sensible, la comunicación y el vínculo afectivo en el desarrollo infantil (Barudy & Dantagnan, 2010 citado en (Pacheco Marimon & Osorno Álvarez, 2021) (Bowlby, 1979) (Moneta, 2014). La validación de contenido fue obtenida mediante la evaluación por parte de expertos en la materia. La confirmación de estructuras unifactoriales para Comunicación, Expresión de afecto y aceptación, Necesidades lúdicas, Límites y Satisfacción con el rol parental refuerza la pertinencia de estos constructos dentro de los modelos contemporáneos de parentalidad y competencias parentales (Gómez & Muñoz, 2015 citado en Pacheco Marimón & Osorno Álvarez, 2021), a su vez cumpliendo con los objetivos relacionados a la consistencia y estructura internas.
Se depuraron los ítems y se conformó una versión final del cuestionario, mientras que se abordó la eliminación de los ítems correspondientes a la dimensión de Necesidades básicas, evaluándolas por fuera del cuestionario, vinculándolas con aspectos sociodemográficos y del estrato social de la población, dado que la literatura señala su relevancia para el desarrollo físico, emocional y neurológico de los niños pequeños (Narváez et al., 2019) (UNICEF, 2023). Por lo tanto, la reformulación de esta dimensión podría enriquecer futuras versiones del instrumento y ampliar su alcance conceptual.
En conjunto, los hallazgos contribuyen a la disponibilidad de herramientas estandarizadas para la evaluación del cuidado parental, lo cual resulta esencial para desarrollar programas de prevención, promoción y fortalecimiento de prácticas de crianza que aseguren el bienestar infantil (Sandoval-Carrillo, 2022) (Barudy & Dantagnan, 2005). Este tipo de programas ha demostrado efectividad a la hora de mejorar el apoyo social y la comunicación efectiva dentro de las comunidades en las que se han empleado (Rafiyya et al., 2024).
Finalmente, se recomienda realizar estudios posteriores en muestras más diversas a fin de ampliar la validez externa del instrumento y consolidar su utilidad en distintos contextos socioculturales.
Bernardo Kerman: Administración del proyecto, Supervisión, Validación; Revisión crítica del manuscrito, Conceptualización, Investigación, Análisis formal, Redacción.
Rocío Kobylanski: Conceptualización; Investigación y Redacción.
Gabriel Mortara: Supervisión, Validación, Investigación, Revisión crítica del manuscrito.
Melisa Gaggino: Conceptualización; Investigación, Redacción, Revisión crítica del manuscrito.
Camila Menéndez Maissonave: Conceptualización; Investigación y Redacción, Visualización (incluida maquetación y preparación de formato).
Florencia Victoria Guerrieri: Conceptualización; Investigación y Redacción.
Lara María Itatí König: Conceptualización; Investigación y Redacción, Visualización (incluida maquetación y preparación de formato).
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