LAS REFORMAS RELIGIOSAS DE AKBAR Y SU RELIGIÓN PERSONAL

 

LAS REFORMAS RELIGIOSAS DE AKBAR Y SU RELIGIÓN PERSONAL

 

AKBAR’S RELIGIOUS REFORMS AND HIS PERSONAL RELIGION

 

Roberto E. García  upayin@gmail.com

Universidad del Claustro de Sor Juana, México

Citation: García, R. E. (2016). « Las reformas religiosas de Akbar y su religión personal». Revista Científica Arbitrada de la Fundación MenteClara, 1(3), 8-23. https://datahub.io/dataset/2016-1-3-e18

Copyright: © 2016 RCAFMC. Este artículo de acceso abierto es distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-cn) Spain 3.0.  Recibido: 14/8/2016. Aceptado: 24/08/2016 Publicación online: 20/12/2016

 

Patrocinio: Centro de Estudios de Asia y África (CEAA) de El Colegio de México (Colmex).

 

 

Resumen

El siguiente ensayo se enfoca en la figura del emperador mogol Akbar (1542-1605) y en la motivación detrás de sus reformas religiosas. En este se debaten los análisis de algunos historiadores que han interpretado estas reformas como el resultado de un viraje en la identidad religiosa del monarca mogol, pero que no han tomado suficientemente en cuenta la parcialidad que caracteriza a los cronistas de su época, cuyas obras constituyen una de las fuentes principales de la historia de ese periodo. A diferencia de otros trabajos, en este artículo se acentúa el carácter político de estas reformas religiosas que facilitaron al emperador el establecimiento de alianzas estratégicas con líderes políticos no musulmanes, y que al mismo tiempo le permitieron debilitar significativamente la influencia de los líderes religiosos musulmanes en los asuntos del Estado. Esta interpretación revela que el emperador mogol, lejos de ser un mero actor político o religioso, fue un estratega inteligente que logró equilibrar los asuntos religiosos y políticos en su forma de administrar el imperio.

 

 Abstract

This essay focuses on the figure of the Mughal Emperor Akbar (1542-1605) and on the motivation behind his religious reforms. It brings into discussion the analysis of certain historians who have interpreted these reforms as resulting from a shift in the religious identity of the Mughal monarch. However, such analysis have not sufficiently taken into account the bias characterizing the chroniclers of the time, works of which are one of the main sources of the history of that period. Unlike other studies, this article highlights the political nature of these religious reforms that facilitated the establishment of strategic alliances with non-Muslim political leaders and, at the same time, allowed Akbar to significantly weaken the influence of Muslim religious leaders in affairs of state. This interpretation reveals that the Mughal emperor was, far from being a mere political or religious actor, a clever strategist who managed to balance religious and political issues in the way he administered the empire.

 

Palabras Claves/ Keywords

Akbar; Historia de India; Religión; Imperio Mogol; Islam; Indian History; Religion; Mogul Empire; Mughal Empire.

 

 

 

Las reformas religiosas de Akbar y su religión personal

Entre los gobernantes musulmanes de la India, se destaca la figura de Akbar como aquel que logró establecer su dominio sobre una gran parte del subcontinente indio al eliminar las amenazas militares externas y las disensiones internas, creando para ello una red de importantes alianzas con los reyes hindúes. En gran parte su éxito se derivó de su relativa apertura a la influencia de las tradiciones religiosas no musulmanas.

Durante su reinado Akbar realizó una serie de reformas religiosas, las cuales, en parte, beneficiaron a grupos no musulmanes.

Ha habido investigadores que han querido hallar la motivación de estas reformas en las inclinaciones personales del monarca, ya que este se distanció en cierto momento de la fe islámica y frecuentó a exponentes de otras tradiciones religiosas y, según algunos, incluso llegó a crear un nuevo grupo religioso.

En este sentido me interesa analizar si las reformas religiosas realizadas por Akbar tuvieron como motivación principal sus inclinaciones religiosas personales u obedecieron a otros factores.

Si este fue el caso, ¿cuáles fueron esos factores y por qué tuvieron importancia en la toma de decisiones del emperador?

  

El dominio musulmán en la India y el surgimiento del imperio Mogol

Para el momento en que Akbar heredó el poder (1556), más de nueve siglos habían pasado desde el primer contacto armado entre grupos hindúes y musulmanes, y más de tres desde que estos últimos se constituyeran como un poder político y militar dominante en la India.

El imperio Mogol, fundado por Babur, el abuelo de Akbar, en la década de los 1520´s, se consolidó sobre la base de numerosas invasiones y conquistas por parte de grupos musulmanes de diverso origen.

Turcos, persas, afganos y otros grupos de religión islámica se fueron abriendo camino desde el noroeste de la India durante siglos de luchas con los poderes locales, principalmente hindúes y budistas, así como entre ellos mismos.

Para el s. XIII ya existía un gran imperio islámico, si bien de corta duración, centrado en Delhi, una de las zonas con mayor importancia estratégica del norte de la India. Algunas regiones más al sur no tardaron en también ser conquistadas.

Para la primera mitad del siglo XVI el contacto social y cultural entre los habitantes no musulmanes de la India y los musulmanes, que en su mayoría ya eran indios y no extranjeros, tenía una larga historia, y había dado como resultado una sociedad, principalmente en la zona norte y noroeste del subcontinente, relativamente tolerante en términos religiosos.

La mayor parte de los hindúes habían aceptado ya la imposición del poder islámico, y se habían conformado una serie de alianzas políticas que permitían a los no musulmanes continuar reinando en sus respectivas zonas e insertarse en las áreas administrativas de los estados indo-islámicos (Richards, 1999).

Es en este contexto en el que nace el Imperio Mogol. Comandando un ejército compuesto por mogoles, turcos, persas, y afganos, un jefe militar conocido como Babur, se abrió paso desde su capital en Kabul y conquistó la región del Punjab.

Tras la batalla decisiva de Panipat, en 1526, Babur venció al sultán de Delhi, y con él a su principal obstáculo en la conquista de la India. Solamente un año después, en la batalla de Kanua, Babur venció a una confederación de gobernantes rajputs, con lo que consolidó su control sobre el norte de la India.

Su hijo Humayun, si bien se enfrentó a varios obstáculos en su carrera política, e incluso estuvo a punto de perderlo todo, logró recuperar el reino heredado por su padre. A su muerte en 1556, Humayun dejó un vasto reino que comprendía desde Kabul hasta Delhi.

Fue toda esta región la que heredó Akbar el mismo año de la muerte de su padre. Coronado bajo el título de Jalal-ud-din Muhammad Akbar, este niño de trece años se convertiría en el eje de un vasto imperio y en uno de los personajes decisivos en la historia de la India.

En gran parte, su historia está constituida por episodios de emancipación personal ante los poderes que pretendían contenerlo y por su capacidad de tomar decisiones de carácter político ligadas íntimamente con su historia personal.

 

Las reformas religiosas de  Akbar

Akbar reinó casi 50 años, de 1556 a 1605. Durante este periodo el Imperio Mogol se consolidó como la principal fuerza política de la India y creció tanto a nivel territorial como en el ámbito administrativo.

Las conquistas realizadas por Akbar expandieron su imperio más allá de lo que sus antecesores habían logrado. Desde Cachemira hasta Berar al sur, y desde Baluchistan hasta Bengala al este, todo ese territorio era gobernado por el emperador mogol.

Uno de los factores que más han llamado la atención, tanto de sus contemporáneos como de los investigadores del periodo, ha sido la gran cantidad de reformas religiosas implementadas por este monarca.

Algunas de ellas afectaban a una gran cantidad de súbditos en todo su reino, mientras que otras solamente influían en la vida de la corte, y por lo tanto en aquellos que tenían la experiencia de tratar de cerca al emperador.

Al parecer, ambas categorías estaban íntimamente relacionadas entre sí. Las dos suponían un replanteamiento de prácticas que tocaban de cerca una de las fibras más sensibles de la convivencia hindú-musulmana: la religión. Ambas implicaban el cambio de estatus, por lo menos de manera virtual, de las elites musulmanes en beneficio de los no musulmanes.

Entre las reformas atribuidas a Akbar a nivel de política imperial se encuentran las siguientes:

Abolición del impuesto al peregrinaje para los no musulmanes (1563); abolición de la jizya o impuesto de los no musulmanes (1564); decreto que imponía al emperador como árbitro supremo en todas las causas civiles y eclesiásticas (1579); prohibición de la matanza de vacas; prohibición para construir nuevas mezquitas o para reparar las ya existentes; prohibición de las oraciones islámicas, del ayuno durante el Ramadán y de la peregrinación a la Meca (1583) (Smith, 1917); permiso a todos los hindúes convertidos a la fuerza al Islam para regresar a su religión; permiso a todos los no musulmanes para construir sus santuarios; permiso a representantes de otras religiones diferentes al Islam para hacer conversos (Smith, 1917).

Las reformas realizadas dentro del contexto de la corte tienen que ver con la creación del Din-i-Ilâhi. Este grupo, considerado por algunos como una religión, y por otros como una simple orden, se centraba en la figura de Akbar y en la reverencia de sus miembros hacia él. La naturaleza de este grupo y de sus prácticas ha sido uno de los temas de debate más complejos sobre el reinado de Akbar.

En gran parte, las interpretaciones sobre este tema y sobre las reformas religiosas del emperador se derivan de lo que sus contemporáneos escribieron sobre él.

La variedad y heterogeneidad de estos documentos, tanto en las temáticas tratadas, como en la forma de tratarlas, plantean a los historiadores de este periodo grandes conflictos.

La toma de postura que asumieron sus contemporáneos con respecto a la posición del emperador en torno a cuestiones religiosas dependía mucho de la situación que cada uno de ellos tuviera dentro de la corte, así como de muchos otros factores que teñían la visión de estas personas sobre el emperador.

En otras palabras, no es posible tomar literalmente todo lo que los contemporáneos de Akbar dijeron sobre él y sobre su postura religiosa, debido a que, al enfrentar las fuentes nos encontramos con que entre ellas se contradicen.

En este sentido, tomar una postura definitiva es riesgoso y conviene más ir con cuidado, tomando en cuenta quién, cuándo y por qué lo dijo, si bien esta es una tarea sumamente complicada.

Así, por ejemplo, las prohibiciones de construir mezquitas y reparar las ya construidas, de hacer peregrinación a la Meca y de realizar las oraciones diarias, son solamente mencionadas por el historiador Bada'uni. Éste, sin embargo, es conocido como el principal detractor de Akbar (Choudhuri, 1951), y sus aseveraciones, al ser contrastadas con otras fuentes, como las de algunos jesuitas (Sharma, 1972), son presumiblemente exageradas.

 

La religión personal de Akbar

Algunos autores han querido derivar las reformas religiosas de Akbar de su postura personal frente a la religión. Esta fue muy variada y cambió de acuerdo a las diferentes épocas de su vida.

Es seguro que, por lo menos hasta 1582, cuando tenía 40 años, el emperador profesaba clara y abiertamente una fe islámica dotada de fuertes tintes devocionales (Smith, 1917).

En esta época su devoción hacia los santos sufíes era tal, que cuando construyó la ciudad de Fatehpur Sikri en 1571, la diseñó de tal forma que sobresalían dos construcciones islámicas: la gran mezquita congregacional y la tumba del santo sufi Sheik Salim Chishti, a quien Akbar reverenciaba en extremo.

Otro santo sufi, Khwaja Muin-ud-din Chishti, también fue objeto de la devoción del emperador. Este realizaba una peregrinación anual a su tumba localizada en Ajmer, donde públicamente se postraba en su honor (Richards, 1993).

Akbar promocionaba y patrocinaba la peregrinación de sus súbditos musulmanes a la Meca. A cada uno de los peregrinos se le daba dinero proveniente del tesoro real; también organizó una flota de alrededor de cien barcos para transportar a los peregrinos (Choudhury, 1951).

A partir de 1575, el monarca acostumbró presidir debates sobre cuestiones de religión, ciencia y otros temas en una asamblea de musulmanes sunitas.

En cierta ocasión, durante una discusión sobre el número de mujeres permitidas para los musulmanes, las contradicciones de las distintas posturas llevó a Akbar a permitir la entrada, por primera vez en esa asamblea de debates, de musulmanes chiítas (Choudhuri, 1951).

 A partir de ese momento, la presencia de ambas facciones del Islam propició discusiones infructuosas que se centraban en las rivalidades de los dos grupos.

Probablemente fastidiado por aquellos debates, el emperador fue permitiendo de forma gradual la entrada de representantes de otras religiones en las asambleas. Así, a partir de 1579 fueron incluidos jainistas, hindúes y sacerdotes parsis. En 1580 se introdujeron además tres sacerdotes jesuitas: Antonio de Montserrat, Rodolfo Acquaviva y Francisco Henríquez (Gómez, 2016).

Esta apertura hacia los miembros de otros grupos religiosos estuvo enmarcada dentro de un proceso general de la vida de Akbar, el cual puede ser visto como un viraje en su postura religiosa.

Poco a poco el monarca se fue volviendo cada vez más contrario a los ulemas, o doctores de la ley islámica, a quienes veía muy alejados de cualquier ideal de santidad.

Esta aversión se agravó cuando Akbar descubrió diversos fraudes y evasiones de impuestos por parte de algunos ulemas de gran autoridad, así como que estos poseían una gran cantidad de tierras del imperio, las cuales estaban libres de impuestos (Choudhury, 1951).

En 1578 Akbar ordenó inspecciones completas de las tierras y de su legítima propiedad. Confiscó un gran número de ellas, dando un fuerte golpe económico y político a los ulemas, y regaló tierras libres de impuestos a yoguis, parsis y brahmanes, entrando así en confrontación directa con las autoridades islámicas (Richards, 1993).

Pero fue en 1579 cuando Akbar hizo su movimiento maestro en contra de los ulemas. Hizo redactar un documento en el que se decretaba que el emperador debía ser aceptado como árbitro supremo en todas las causas, fueran estas civiles o eclesiásticas.

Akbar fue reconocido así como más capacitado para interpretar la ley islámica que cualquier otro musulmán. Prácticamente fue investido con la infalibilidad. Tanto los líderes de las dos facciones islámicas como otros ulemas se vieron obligados a firmar el documento, que en una de sus partes decía así:

“Han concluido y decidido que el rango de un Sultán justo es más alto, ante los ojos de Dios, que el de un mujtahid, y que Su Majestad, el Sultán del Islam, el asilo de la humanidad, el comandante de los fieles, la sombra de Dios sobre los mundos, Abu`l Fath Jalalu`d Din Muhammad Akbar Badshah i-Ghazi (que Dios perpetúe su reino para siempre) es un rey muy justo y sabio, y está dotado con conocimiento de Dios. Si acaso surgiera en el futuro un debate religioso y las opiniones de los mujtahids se encontraran en desacuerdo; y si acaso Su Majestad, por medio de su entendimiento penetrante y su claro razonamiento, adoptara alguna de las opiniones en conflicto sobre tal cuestión en pos del bienestar de la humanidad y del funcionamiento adecuado de los asuntos administrativos del mundo, y emitiera un decreto con ese propósito, esa orden deberá ser aceptada por todos (los mujtahids), y su acatamiento deberá ser obligatorio y vinculante para altos y bajos por igual”.

[…] Cualquier oposición ante tal orden emitida por Su Majestad supondrá el desagrado divino en el otro mundo y la pérdida religiosa y mundana. (Rizvi, 1975)

Este decreto fue una rendición total ante el poder del emperador, cuya autoridad se volvió indiscutible. Fue un movimiento maestro de Akbar, quien tenía el objetivo de emanciparse del control de los ulemas y realizar con total libertad cualquier modificación o reforma, tanto en el plano religioso como en el civil.

Alrededor de esta época el contacto del emperador con representantes de otros grupos religiosos se incrementó. En 1578, un sacerdote parsi, de nombre Dostûr Meherjee Rānā, fue invitado a la corte, en donde instruyó a Akbar en sus ritos y doctrinas. Se dice que a partir de ese momento Akbar encendió un fuego sagrado que no debía apagarse.

En 1582 fue invitado a la corte el maestro jainista Hīravijaya Sūri, con quien el emperador sostuvo largas conversaciones (Smith, 1917).

Es muy interesante el hecho de que Akbar ha sido visto por algunos como una especie de promotor del sincretismo religioso (Smith, 1917). Creo que en realidad esta aseveración es un poco exagerada. Más bien parece que Akbar era un hombre de gran curiosidad e inteligencia que se interesó por distintas prácticas religiosas como una forma de ampliar sus conocimientos.

Hay autores que niegan que el emperador haya abandonado la fe islámica. Así, Abu`l Fazl escribe sobre Akbar: “Anhelando ardientemente a Dios y buscando la verdad, Su Majestad se somete a austeridades internas y externas, aunque ocasionalmente se une al culto público para acallar las calumnias de los intolerantes de la época actual (Abu`l Fazl, 1927).” En lugar de eso, el monarca se habría emancipado del control de los ulemas a quienes no consideraba en realidad como sujetos de reverencia religiosa.

Algunas fuentes también nos presentan al emperador como una figura tremendamente ambigua en cuanto a su religiosidad personal. Ambigua aparece también su organización conocida como Din-i-Ilâhi. Este grupo, o mejor sería llamarlo orden, al contrario de lo que algunos autores han afirmado (Smith, 1917), no parece haber sido un intento del emperador por fundar una religión sincrética que incluyera una selección de las mejores doctrinas y prácticas de las diversas religiones conocidas en la India.

Parece ser que este grupo fue constituido por Akbar para funcionar más bien como una especie de asociación de lealtad hacia él. Sus miembros, de los cuales se dice que solamente uno de ellos era hindú y los demás musulmanes, y que su número nunca superó los 19 (Choudhuri, 1951), debían estar listos para sacrificar su propiedad, su vida, su honor y su religión por el emperador (Rizvi, 1975).

 

Factores políticos de gran influencia

De acuerdo a sus contemporáneos, Akbar era un personaje caracterizado por su fervor religioso. Las fuentes de que disponemos lo conectan de una u otra manera con la vida religiosa de su época, en muchas ocasiones incluso como el eje de esa vida. Así, es indudable que su postura personal frente a la religión tuvo algún peso en sus decisiones como líder político.

Ahora bien, es importante señalar que Akbar era, ante todo, un gobernante carismático que tenía sobre sí la enorme responsabilidad de sostener un vasto reino compuesto por gente de distintas religiones.

Tomando esto en cuenta, debemos decir que, a diferencia de otros gobernantes indo-islámicos de la India, en cierto momento de su carrera política Akbar entendió que la mejor forma de gobernar tal imperio era establecer alianzas sólidas y duraderas con los no musulmanes y propiciar un clima de aceptación de su gobierno entre la población no musulmana.

Creo entonces que muchas de las reformas religiosas promovidas por Akbar tuvieron justamente una motivación política y fueron realizadas para asegurar el apoyo de los importantes grupos no musulmanes de su imperio.

Este proceso, sin embargo, quizá no fue el resultado de una estrategia política cuidadosamente planeada por Akbar. Me parece más bien que fue la consecuencia de múltiples factores presentes en el contexto de la vida de la época y del mismo emperador.

Así, uno de estos factores tocaba de forma muy íntima la vida del emperador. En un afán por establecer alianzas políticas con los distintos líderes rajputs de su imperio, el monarca se aficionó a tomar princesas rajputs por esposas.

Al permitirles practicar su propia religión dentro del palacio (Sharma, 1972), Akbar entró en contacto directo con las prácticas religiosas de los hindúes. Esto debió proporcionarle algún sentido de la importancia que para éstos tenía la libertad de profesar su religión.

Más importante que esto fue la integración a la nobleza mogola de varios líderes rajputs. Para 1580, de los 222 nobles de la corte 43 eran hindúes (Richards, 1993).

Esto evidencia la importancia que para Akbar y para el imperio representaban los hindúes como fuerzas políticas y alianzas estratégicas. Igual de significativo fue la inclusión de un número importante de hindúes, tanto en puestos importantes del ejército como en puestos administrativos (Richards, 1993).

En un contexto de alianzas e intereses políticos, las reformas promulgadas por Akbar en torno a la abolición de los impuestos relacionados con la filiación religiosa de sus súbditos parecen apuntar hacia la conciliación entre las distintas religiones en un afán por crear la estabilidad de un imperio multireligioso.

Es evidente que la abolición de la jizya y del impuesto por peregrinación, así como el permiso para practicar la propia religión, contribuyeron a crear una aceptación por parte de los no musulmanes del dominio indo-islámico.

En cuanto a la postura según la cual Akbar se volvió un enemigo declarado de la religión islámica y persiguió brutalmente a aquellos que la practicaban (Smith, 1917), parece ser que es una exageración del distanciamiento de Akbar respecto a los ulemas.

Incluso hay autores que han afirmado, basándose en fuentes de la época, que Akbar nunca abandonó la fe islámica (Sharma, 1972) y murió siendo un musulmán devoto, por lo que sería absurdo afirmar que sus reformas religiosas hubieran afectado negativamente a los creyentes musulmanes, más allá de a los representantes religiosos.

  

Conclusiones

Las reformas religiosas realizadas por Akbar obedecieron a múltiples factores de carácter político y social. Si bien las inclinaciones religiosas personales del emperador muy probablemente jugaron un papel importante en aquellas, es más bien probable que su influencia haya sido limitada, y que las reformas hayan tenido que ver más con las necesidades de Akbar de emanciparse del control de los ulemas para lograr el establecimiento de alianzas sólidas y duraderas con los grupo no musulmanes del imperio, quienes representaban una gran parte del poder político, social y militar, y cuyo apoyo era absolutamente necesario para lograr la estabilidad del imperio.

 

  

 

Referencias

Abû ‘l Fazl, A. (1927). Â În-I Akbari. (H. Blochmann, Trad.) Calcutta: Royal Asiatic Society of Bengal.

Choudhury, R. (1951). The State and Religion in Mughal India. Calutta: Indian Publicity Society.

Gómez, O. R. (2016). ANTONIO DE MONTSERRAT–LA RUTA DE LA SEDA Y LOS CAMINOS  

          SECRETOS DEL TANTRA. Revista Científica Arbitrada de la Fundación MenteClara, 1(1), 5-20.

          http://fundacionmenteclara.org.ar/revista/index.php/RCA/article/view/8/2

Richards, J. (1993). The Mughal Empire. New York: Cambridge University Press.

Rizvi, A. (1975). Religious and Intellectual History of the Muslims in Akbar´s Reign. New Delhi: Munshiram Manoharlal.

Rizvi, A. (1978). A History of Sufism in India. New Delhi: Munshiram Manoharlal.

Sharma, S. R. (1972). The Religious Policy of the Mughal Emperors. Londres: Asia Publishing House.

Smith, V. (1917). Akbar, The Great Mogul. Londres: Oxford University Press.



Enlaces de Referencia



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